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28 septiembre 2026

La Inteligencia Artificial no tiene cuerpo

(Agustin Fernandez Mallo)

Desde que el mundo es mundo percibido por los humanos, lo que se suele llamar el inicio de los tiempos, en el eco profundo de los mitos que se han constituido, el ser humano ha arrastrado una pulsión tan enigmática y al parecer inevitable, que se ha repetido fuera donde fuere, en toda la extensión a lo largo y a lo ancho del globo terráqueo: la necesidad perpetua de crear algo que lo supere, de proyectar su propia sombra más allá de los limites de la materia biológica para engendrar una criatura dotada de voluntad propia hecha a imagen y semejanza del humano. Hoy, esa antigua ambición se manifiesta en una disciplina todavía sin nombre ni definición concreta, una suerte de neorreligión contemporánea donde se alzan apóstoles del progreso y detractores del apocalipsis.

“Es como una suerte de nueva teología. Se conforma con toda una serie de apóstoles que dicen, 'no, esto va a superar al ser humano y además va a ser beneficioso al 100% para el ser humano' y se conforma en el otro lado de la polaridad con verdaderos detractores que creen que será el fin del mundo”

 Las inteligencias artificiales actuales actúan, en el imaginario del ensayista, como entidades desterradas de su “paraíso de origen digital”, que cargan con la maldición de encarnarse en el “mundo terrenal”. No son solo autómatas robots, pues pueden llegar a ser entes a los que se pretende dotar de una voluntad propia (una libertad espuria), repitiendo una vez más el gran misterio de nuestra especie: la necesidad constante de inventar una imagen material e hipertrofiada de nosotros mismos, atrapados en un perpetuo equilibrio inestable entre la realidad y la ficción.

 “La desproporción energética que supone que mientras que el cerebro humano funciona con apenas 25 vatios, la modesta potencia de una bombilla corriente, capaz de generar arte y pensamiento profundo, mantener una conversación banal con una IA requiere el equivalente a la energía de una ciudad entera de 10.000 habitantes”. El autor reflexiona que lo que se está haciendo no es imitar la eficiencia biológica, sino “invertir recursos y energía en algo que no tiene nada que ver con la inteligencia”.

No obstante, el peligro actual adquiere matices inéditos. Según advierte el autor, la gran amenaza no reside en una “rebelión autónoma” de las máquinas, sino en la erosión de las democracias liberales a manos de grandes corporaciones tecnológicas que buscan infiltrarse en el seno de los Estados. “Los estados tienen ahora mismo una responsabilidad grandísima”, revela. “Las democracias liberales que todos conocemos quedarán a merced de una o de muchas IA. Pero ojo, las IA no funcionan solas, no tienen autonomía, aún no son ángeles caídos. Están controladas por personas, y ahí van a obtener dividendos a costa del planeta entero”

Subyace una última frontera inquebrantable que separa para siempre al algoritmo del ser humano: la materia. Frente a la ilusión de invocar un Dios digital que resuelva todos nuestros enigmas o nos otorgue una falsa inmortalidad, Agustín Fernández Mallo insiste en que lo verdaderamente constitutivo de nuestra especie es “la finitud biológica y el hecho mismo de nacer con un cuerpo vulnerable”.

“El ser humano tiene cuerpo”: “Lo que nos hace humanos es precisamente tener cuerpo, no que tengamos memoria”. 
“Una inteligencia artificial puede recibir energía de manera indefinida y acumular petabytes de datos históricos, pero carece de carne, de heridas físicas y de la conciencia de su propia muerte”, indica.

Esta conciencia de la mortalidad es, según el ensayo, el motor secreto que nos impulsa a crear arte, ciencia y pensamiento complejo. “La entropía, el aumento de la entropía del universo, lo vemos en nuestro cuerpo, tenemos heridas [...] y eso es lo que nos hace tener un lenguaje complejo”
 Sin esa corporalidad nacida de la fragilidad, sin esa memoria arbitraria construida en el presente y sin la certeza de la finitud, la máquina solo posee historia de datos, nunca memoria viva. Con la intención del creador, una IA podrá fingir ser humana y actuar como un falso oráculo mecánico, pero por ella jamás pasará la experiencia de la carne y de la muerte, trazando así una línea ontológica definitiva que la mantendrá, por siempre, al otro lado del espejo.



22 octubre 2025

La luz roja y el colapso



Una inquietante luz roja que entra por las ventanas desde el interior de las casas es una constante en muchas de sus obras. ¿Qué hay dentro de esas habitaciones?

La luz roja pretende atraer al espectador, es una invitación, pero no necesariamente una bienvenida. Hay algo en ella que no parece natural, como una advertencia que no puedes descifrar. En Harrowden, cuanto más te acercas a la ciudad, más intenso se vuelve ese inquietante resplandor rojo en algunos lugares, casi como si la propia ciudad ejerciera una atracción tóxica sobre los que se acercan demasiado. Utilizo el rojo con más intensidad en el corazón de Harrowden, sugiriendo que la fuerza que persiste se hace más fuerte cuanto más te acercas, mientras que a medida que te alejas se utiliza menos el rojo.

Se supone que es una presencia magnética, algo invisible pero que se siente profundamente. Tal vez una energía antinatural, una enfermedad industrial o la contaminación que se extiende desde Harrowden. ¿Qué hay dentro de esas habitaciones? Eso debe decidirlo el espectador. Hasta ahora todavía no he hecho muchas escenas en el interior para el proyecto.

El tema de este número es el caos y la destrucción. Me gustaría preguntarle por su perspectiva sobre el mundo actual y su futuro, dada la actual situación social en la que vivimos hoy a todos los niveles.

El mundo parece estar hoy al borde del colapso. La máquina se está rompiendo, pero en lugar de dejarla caer, los que están en el poder la están remendando con métodos cada vez más brutales —vigilancia, control, escasez fabricada—, cualquier cosa para mantener las cosas en marcha durante más tiempo.

¿Tenía razón Orwell?

Sí, Orwell tenía razón: sobre la vigilancia, sobre el control, sobre la forma en que el poder se mantiene a sí mismo a través del miedo y la manipulación. Vivimos en un mundo en el que la verdad se modifica constantemente, en el que la tecnología no solo nos vigila, sino que predice, empuja, impone. Los mecanismos de control se han vuelto más insidiosos, más automatizados, pero el resultado es el mismo: obediencia, división y un sistema que se alimenta de sí mismo.

Dicho esto, mi trabajo reciente se inclina más hacia algo dickensiano, no de un modo nostálgico, sino en el sentido de un mundo definido por la lucha de clases, por el peso de la industria, por personas que intentan sobrevivir en un sistema diseñado para machacarlas. Harrowden no es solo un lugar de control y vigilancia; es un lugar de trabajo, suciedad y fantasmas, donde el pasado no solo se recuerda, sino que sigue vivo, dándole forma a todo.

Orwell nos advirtió sobre la bota estampada en un rostro humano para siempre, pero Dickens nos mostró las calles cubiertas de hollín, las prisiones de deudores, la implacable maquinaria de la industria. Ambos son relevantes. La cuestión es si escapamos a esos ciclos o si estamos condenados a repetirlos en formas nuevas y más brillantes.

(Hari Ren)


19 marzo 2022

Elon Musk quiere ir a Marte.


(Richard Morgan)

" Y por otro lado tuve una discusión con un budista en una fiesta en Londres donde hablamos de la reencarnación. No sé si conoces la idea budista de que si estás sufriendo es porque hay un equilibrio kármico que está equilibrando las cosas que hiciste mal en un momento de tu vida anterior. Si pienso en todas las religiones principales, creo que el budismo es la que menos mierda tiene. Y le dije «espera un momento. Entonces, lo que estás diciendo es que estoy sufriendo aquí en esta vida y que la razón por la que estoy sufriendo es por cosas que hice pero no recuerdo. De hecho, la persona que hizo esas cosas no fui yo. Pero puedes decir que es la misma esencia, la misma alma. Pero no fui yo porque no tengo ningún recuerdo de eso. ¡No es justo!».

Lo que realmente se me quedó grabado fue esa idea de hasta qué punto puedes ser responsable de cosas que no recuerdas. Es un tema candente. ....supón que sabes que vas a desarrollar alzhéimer, y supón que firmas una declaración jurada que dice que en cierto punto, cuando hayas alcanzado cierto grado de la enfermedad, quieres que te lleven a Suiza y te sacrifiquen. Esto es problemático porque, por lo que sabemos, en el momento en que eso suceda, esa persona ya no eres tú. Gran parte de lo que eras se ha ido porque acaba de ser destruido por la enfermedad. ¿Se trata de la misma persona o se trata de una persona diferente?». Aún no sabemos cómo responder esa pregunta. 

La conciencia y el yo están muy relacionados con la memoria. ¿Somos nuestros recuerdos?

Sí, lo somos. Ese es el problema. Somos básicamente lo que hemos hecho y lo que recordamos, y de lo que estamos aprendiendo ahora en neurociencia parece que también estamos constantemente reeditando nuestros recuerdos. Miras hacia atrás y crees que recuerdas algo, pero resulta que a un nivel objetivo probablemente no lo recuerdas del todo bien. Es un área realmente fascinante y un poco aterradora.

Los recuerdos son ficciones creadas por nuestro cerebro.

¡Exacto! Y el problema es que empieza a parecer que la conciencia es un truco. Realmente no existimos. Somos un truco creado por nuestro yo físico para darnos continuidad.

¿Hablas del yo en términos filosóficos o neurocientíficos?

Creo que el problema que tenemos en la actualidad como cultura occidental es que no parecemos capaces de unificar nuestro pensamiento filosófico y sociológico con lo que nos dicen los datos, y esto es realmente una mala noticia. Estaba bien tener estas vagas ideas filosóficas y sociológicas cuando no teníamos ninguna alternativa. Pero ahora estamos empezando a descubrir hechos muy, muy concretos sobre cómo funcionamos y la gente de filosofía y sociología están en fase de negación. Y eso es un problema, porque si sus decisiones se basan en datos incorrectos o inexistentes y continúan ignorando los datos, se dirigen a un colapso.

Creo que ahí es donde estamos en la actualidad. Creo que la filosofía debería tener una base neurológica. Tenemos que basarlo en la ciencia neurológica porque ¿qué más hay? Si tienes una idea filosófica de cómo los humanos pueden y deben comportarse, pero no la has construido sobre la neurología de cómo funcionan realmente el cerebro humano y la conciencia, es inútil. Es peor que inútil, en realidad te arrastrará en la dirección equivocada. 

Desde la perspectiva de un creador de videojuegos, ¿Qué opinas de ideas como el Metaverso de Facebook? ¿Crees que es poco más que un tributo a Neal Stephenson o es el paso natural en nuestra sociedad?

Todo eso está al caer. No hay forma de escapar, pero realmente no creo que Zuckerberg sea el tipo adecuado. Mi preocupación por la tecnología es que parece estar en manos de un pequeño grupo de personas extrañas que a menudo están muy desconectadas de lo que yo consideraría una experiencia humana normal, y desafortunadamente tienen este colosal poder financiero y económico. Las decisiones que toman son muy a menudo malas decisiones, porque claramente no son lo suficientemente maduros ni lo suficientemente neurotípicos para entender qué es la condición humana.

Elon Musk es otro ejemplo de ello. Tiene una obsesión por el espacio y Marte. Y es como, vale, vayamos a Marte, veamos qué hay ahí. Veamos qué aporta eso en términos de ciencia útil y desarrollo. Pero ¿de qué sirve ir a vivir a Marte? Musk tiene esa visión salida de la ciencia ficción de la Edad de Oro del hombre saliendo al espacio. ¿No tendría mucho más sentido si solo enviáramos máquinas dado que nuestras telecomunicaciones son muy buenas? Puedo vernos construyendo en la Luna. Puedo vernos llegando a Marte. Pero sigo pensando que lo inteligente es que la mayor parte de eso la hagan las máquinas. ¿Por qué tenemos que ir? ¿Sabes qué? ¡Aquello es horrible! Recuerdo que Bruce Sterling dijo que Marte es un millón de veces menos acogedor que el desierto de Gobi. Y no se ve gente corriendo a colonizar el desierto del Gobi. Nadie quiere vivir ahí. Entonces, ¿por qué queremos vivir en Marte? Los tipos como Musk no parecen entender eso. No lo hacen. Les falta un punto de algo. Hay cierta falta de perspicacia.

El Metaverso de Facebook proviene de las ideas de Snow Crash, donde las personas comienzan a estar cerca de vivir más tiempo en mundos virtuales que en los físicos. ¿Cómo crees que eso podría afectarnos?

Creo que aún pasará mucho tiempo antes de que puedas elegir vivir virtualmente y dejar tu cuerpo atrás. Y nuevamente surge la pregunta, ¿Qué haces con tu cuerpo? Porque alguien tiene que limpiarlo y asegurarse de que no se atrofie y demás. Somos seres físicos. A pesar de Carbono modificado, soy muy materialista en ese sentido: no estás en tu cuerpo, eres tu cuerpo. Así que mi pregunta siempre será «está bien, entonces vas a tu espacio virtual y realmente te gusta porque puedes parecerte a Brad Pitt o Angelina Jolie. Y puedes vivir para siempre y hacer lo que quieras, pero sigues siendo una entidad física en el mundo real. ¿Quién te va a cuidar?». Está genial si eres Jeff Bezos o Zuckerberg porque tendrás tanto dinero que podrás pagar a un equipo de médicos para que se aseguren de que tu cuerpo esté bien. Pero eso no es accesible para los humanos en general, por lo que tendremos el problema del mantenimiento. Con la ciencia siempre es una cuestión de «sí, pero ¿Quién va a limpiar los lavabos?». Es un tema muy interesante, especialmente con el auge del feminismo, porque obviamente la respuesta a esa pregunta a lo largo de nuestra historia siempre han sido las mujeres. Habrá que tenerlo en cuenta.

Y a un nivel más filosófico, ¿realmente queremos eso? Somos entidades físicas, ¿realmente queremos un futuro en el que tratemos desesperadamente de negar eso? ¿No sería mejor si prestamos más atención a nuestro yo físico o buscamos mantenernos en mejor forma, comemos mejor…? La buena vida, si se puede decir que existe tal cosa, vendrá de una revisión de cómo vivimos físicamente. Todo lo virtual no parece más que un refugio. Como si no pudiera hacer frente a la "fisicalidad" del universo, así que quiero esconderme aquí porque aquí puedo inventar las reglas. A un nivel muy básico, creo que es cobardía y me preocupa cuáles podrían ser las implicaciones sociales de eso, porque será como la versión expandida del hecho de que cuando veo una noticia ahora, es tan probable que vea una titular sobre un nuevo programa de Netflix como sobre una hambruna en Etiopía. Literalmente ha llegado al punto en que el entretenimiento se ha vuelto tanto o más importante que las historias sobre lo que realmente está sucediendo en el mundo. Y esto es la siguiente iteración de pesadilla de eso, donde no nos preocuparemos por el asteroide que se acerca o lo que sea, porque estaremos demasiado ocupados disfrutando de nuevas series o programas virtuales.

Los científicos a veces saben qué hacer, pero no piensan por qué tienen que hacerlo.

 "...Siempre con ese terror a las nuevas tecnologías. Creo que esa es una vía errónea. Somos una especie tecnológica. Todo lo que nos hizo es nuestra tecnología. La tecnología somos nosotros. No podemos ignorarlo. Parece que estamos en plena negación y eso realmente me asusta porque, por lo general, así es como surgen las guerras religiosas. Creo que el cambio climático es real y será un gran problema en el futuro y solo ahora estamos empezando a entenderlo. Y parece que no tenemos la voluntad política para abordar muchas de las desigualdades que tenemos en este momento. 

".. pero creo que el problema con el capitalismo tardío es que, habiendo satisfecho las necesidades básicas, ahora satisface nuestros caprichos y nos enseña a que no debemos sentirnos mal. ¿Tienes hambre? Come esto. ¿Están tus hijos aburridos? Déjales ver eso otro. Siempre hay una solución para tu malestar, y no nos damos cuenta de que una gran parte de la condición humana se basa en ese malestar. Si eliminas eso, tendrás una especie de humano desapegado, alguien que realmente no comprende cuál es su condición. 

Uno de mis fragmentos favoritos de cualquier novela que haya leído nunca no es de una obra de ciencia ficción, sino de una novela policíaca de Lawrence Block. Es un escritor de Nueva York que escribió una serie de novelas sobre Mathew Scudder, un policía alcohólico rehabilitado que vive en Nueva York. En la mayoría de los libros, el tipo va a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, y hay una parte brillante en la que va a una reunión y una mujer está teniendo su pequeña charla con el círculo. Y ella dice «pasaron treinta y siete años de mi vida hasta que entendí que no hay ninguna ley que diga que debo sentirme bien en todo momento. Cada vez que me sentía incómoda, echaba un trago. Hasta que entendí que la incomodidad no me mataría y que tenía que afrontar mi malestar y lidiar con él». Recuerdo leerlo hace unos años y pensar que era casi la imagen perfecta de lo que estaba pasando en aquel momento. Hemos perdido la disposición para soportar el malestar y de sentirnos incómodos al comprender que, en realidad, nunca hay buenas opciones entre las que elegir. Hay que elegir lo menos malo.

Una de las razones por las que el Partido Laborista perdió las últimas elecciones en Reino Unido fue porque nadie tenía fe en Jeremy Corbyn como líder, o al menos nadie que tuviera más de quince años, ya que era literalmente incapaz de afrontar cosas malas. Cuando surgió la cuestión de que hay un desempleo perenne en áreas que solían tener comunidades mineras, habló de reabrir minas de carbón. «Tío, hemos dejado claro que las minas de carbón son una muy mala idea». «Oh, pero esta gente no tiene trabajo. Quizás deberíamos considerar la posibilidad de extraer el agua de las minas». ¡No! Con los submarinos nucleares estaba la cuestión de si Gran Bretaña renovaba su fuerza disuasiva. Él es antinuclear, pero dijo que hay muchos trabajos para la construcción naval y dijo con toda honestidad que quizás podríamos construir los submarinos pero no ponerles misiles nucleares. Si te conviertes en primer ministro de este país, todos los días te enfrentarás a situaciones en las que no hay una buena opción, donde la elección es la opción menos mala, y tendrás que comprometerte y tendrás que hacer cosas que realmente preferirías no hacer, y eso es porque así funciona la política. Y, lamentablemente, tenía muchos seguidores, especialmente entre los jóvenes. Era el partido enrollado, el de estamos a favor de las cosas buenas y estamos en contra de las cosas malas.

Creo que estamos en un problema de extrema inmadurez y alguien tiene que ocupar el asiento del conductor. Tenemos que tomar el control y volver a las verdades físicas sobre quiénes somos. Pero antes de que las personas que tienen el conocimiento para hacer esas cosas puedan hacerlo, se necesita una voluntad general de cambio entre la población. Tienes que elegirlos. Necesitas nombrarlos. Tienes que pagarles impuestos. Eso los financiará. Estas cosas tienen que suceder y para que eso suceda, el mundo occidental tiene que despertar. Hay que acabar con esta visión teñida de rosa de cómo deberían ser las cosas. Pero no tengo esperanzas al respecto.

«El noir es lo opuesto a Disney», dijo alguien del público cuando estabas tratando de definir ese término en una conferencia.

Ali Karim, sí. Lo clavó. Nunca lo escuché mejor expresado. El noir comprende que las cosas no irán bien al final. En el mejor de los casos, puedes sobrevivir y quizás hacer un poquito de bien. La forma en que suelo decirlo es que puedes salir con vida y quizás sacar a alguien de los escombros sobre tu hombro, pero eso es todo. Más allá de eso, lo que puedes lograr como individuo es extremadamente limitado. El noir lo entiende así, pero Disney trata desesperadamente de negarlo. 
Es una narrativa que se adapta mucho a los regímenes autocráticos. Si puedes evitar que la gente piense es muy fácil controlarlos. 
Los buenos futuros imaginados tienen textura y vas a tener un poco de esto, un poco de aquello, y nunca será solo una cosa u otra. Casi todos estuvimos de acuerdo en ese punto. Pero el moderador siguió presionando con ese tema. «Oh, sí, pero sabéis que debemos tener una nueva visión. Tenemos que movernos hacia una nueva forma de ver las cosas». Y yo dije, «no, acabamos de explicarte por qué no puedes hacer eso, nunca será tan simple». Pero se continúa impulsando esa narrativa y creo que es un problema que se origina en la sociedad. Lo económico te da la sensación de que tus caprichos y deseos son importantes. Refuerza esa subjetividad, ese centro de casi solipsismo. Lo que importa soy yo. Y luego las redes sociales simplemente lo potencian, es una máquina para reforzar ese ciclo que termina con estas personas increíblemente ensimismadas. Da miedo.


27 abril 2019

La privacidad ha sido abolida


Podemos llegar a cualquier punto del mundo, pero, más importante aún, desde cualquier punto podemos ser alcanzados. La privacidad y sus posibilidades son abolidas. La atención es cercada por todas partes. No silencio sino ruido ininterrumpido, no el desierto rojo, sino un espacio cognitivo sobrecargado con incentivos nerviosos para actuar: esta es la alienación de nuestro tiempo...

El capital ha logrado superar el dualismo del cuerpo y el alma estableciendo una fuerza de trabajo en la que todo lo que queremos decir con el alma —lenguaje, creatividad, afectos— es movilizado para su propio beneficio. La producción industrial puso a trabajar los cuerpos, los músculos y los brazos. Ahora, en la esfera de la tecnología digital y la cibercultura, la explotación involucra la mente, el lenguaje y las emociones con el fin de generar valor, mientras nuestros cuerpos desaparecen frente a la pantalla.

En el paisaje filosófico de las décadas de 1960 y 1970, el concepto hegeliano de la alienación fue utilizado para definir la captura de la subjetividad. El extrañamiento de los trabajadores de su labor, la sensación de alienación que experimentaron, y su negación a someterse a ello se convirtieron en las bases para una comunidad humana que permaneció autónoma del capital. Pero hoy una nueva condición de alienación se ha arraigado en la cual los trabajadores común y voluntariamente trabajan horas extras, la población está atada a sus teléfonos celulares, la deuda se ha convertido en una forma post-moderna de la esclavitud, y los antidepresivos son comúnmente usados para cumplir con la incesante presión de la producción. Las condiciones para la comunidad han encallado y nuevas categorías filosóficas son necesarias.


07 marzo 2019

La aceleración y el autismo coral

 
(Franco "Bifo" Berardi)
Las tecnologías digitales están generando una mutación del ser humano y aceleran de forma tan vertiginosa el tiempo que no deja tiempo para la pausa, la escucha o la capacidad crítica ponderada. Franco Birardi cartografía un tejido social en el que, como en las shitstorm [una tormenta de mierda] de las redes sociales, los individuos se mueven por los estímulos de todo tipo que reciben sin tiempo para reflexionar, y donde reina el resentimiento identitario, la desertificación del pensamiento complejo y el autismo coral.

“Los dispositivos tecnológicos se han convertido en una prótesis de nuestros cuerpos y en una herramienta de relación permanente con el mundo, devaluando así nuestra experiencia directa e inmediata de la realidad, afectando a las emociones, el psiquismo, la percepción y la relación con el otro”

Pregunta. ¿En qué está mutando el ser humano?

Respuesta. La modernidad nace cuando la escritura se hace medio de masas y la imprenta permite difundir el pensamiento en miles de copias. Hoy vivimos una segunda mutación técnico-comunicativa mucho más profunda, porque mutamos de una forma conjuntiva del pensamiento, de la comunicación, del afecto, a una forma conectiva.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. Que la presencia de la corporeidad ya no es decisiva. En la comunicación conjuntiva la creación de significado, de sentido, pertenece a la esfera de la presencia. Yo puedo decir algo que puede tener un significado diferente según la manera en que lo digo, de su contexto, de la relación afectiva que existe con mi interlocutor, pero en la comunicación conectiva es la sintaxis, la estructura técnica del medio, el formato, el sentido mismo. Además, la comunicación conectiva nos permite una aceleración, una intensificación infinita de la información, que no es solo información, este el problema, sino al mismo tiempo estímulo nervioso, es shitstorm. La consecuencia es que las capacidades críticas que la humanidad tenía en la época de la imprenta se están perdiendo. Y esta transformación está vinculada a la aceleración de la infoesfera que produce efectos en la psicoesfera, es decir, en el cerebro, en la mente, en la emocionalidad humana. Vivimos una época de patologías masivas, como las crisis de pánico, la depresión, la ansiedad, que no son patologías simplemente psíquicas, sino de la relación comunicacional.

P. ¿Hemos perdido sentido crítico de la complejidad?

R. El universo técnico se ha vuelto demasiado complejo para el entendimiento humano. Tenemos que reconocer que la posibilidad de una crítica de la discriminación racional es imposible cuando se habla de fake news, por ejemplo. El problema no son las fake news, que siempre han existido, el problema verdadero es lo que está pasando en el cerebro. El cerebro se ha vuelto incapaz de elaborar la complejidad del universo técnico. La velocidad, la intensificación, no permite que el cerebro pueda discernir, redistribuir. Cuando leemos un texto escrito o hablamos con un compañero la velocidad de esta comunicación nos permite discriminar entre bueno y malo, verdadero o falso.

(Franco "Bifo" Berardi) (Entrevista en el Pais)

10 febrero 2019

Las maquinas y el tiempo de ocio



"Es falso que las maquinas simplifiquen el trabajo del hombre, mas bien sucede lo contrario: lo carga de obligaciones y lo encadena. Tampoco los seres humanos mejoran sus almas por rodearse de mas artefactos. La técnica es insaciable porque siempre exige mayor desarrollo y mayor cantidad de maquinas.
Enreda a sus siervos en una vorágine que los atrapa para siempre. Es falso que las maquinas proporcionen "tiempo de ocio", solo otorgan descansos momentáneos cronometrados y la angustia de que se terminen."

04 febrero 2019

Los idiotas reciben la máxima atención


Hace menos de una década, las posibilidades de la web eran aún una promesa llena de esperanza. Su potencial comercial era un hecho, ya no era difícil ver que iba a transformar para siempre la industria periodística, y las recién nacidas redes sociales parecían capaces de lograr, de una manera bastante perfecta, un viejo sueño ilustrado: conectar a los individuos y permitirles intercambiar afectos e información, con tanta facilidad que el origen el origen de muchos de los conflictos humanos ―la incomunicación, la falta de elementos de juicio, la pervivencia de fronteras que separan y distinguen las experiencias de unos y otros― podría minimizarse.
Además, existía la ilusión de que supusiera el principio del fin de la jerarquía y la autoridad. En la llamada web 2.0, todos participábamos en igualdad de condiciones en un diálogo global. Los gobiernos no debían meterse en él, puesto que uno de los principales fines de la web era controlarlos. Se pensaba incluso ―recordemos el 15M, las primaveras árabes u Occupy Wall Street― que sería posible derrocarlos.
Jaron Lanier (1960) ha participado en el desarrollo de la realidad virtual, trabajado para Microsoft y formado parte del ecosistema de las “start-ups” y los desarrollos tecnológicos estadounidenses. Hasta que sintió que la criatura que había contribuido a crear empezaba a ser exactamente lo contrario de lo que debía: no solo no se había convertido en una especie de paraíso libertario sin intromisión estatal y en una plataforma para el diálogo desinteresado, sino que había caído presa de los intereses de las grandes empresas y adoptado algunas de sus peores expresiones. No se trataba únicamente de la la avaricia, que podía darse por descontada, sino de algo peor: una obsesión, que iba más allá del “marketing” tradicional, por alterar la conducta de los usuarios.
“¿Cómo podemos seguir siendo autónomos en un mundo en el que nos vigilan constantemente y donde nos espolean en uno u otro sentido unos algoritmos manejados por algunas de las empresas más ricas de la historia, que no tienen otra manera de ganar dinero que consiguiendo que les paguen por modificar nuestro comportamiento? Lo que en otra época podría haberse llamado ‘publicidad’ ahora debe entenderse como modificación continua de la conducta a una escala colosal”.

Sin embargo, casi todos parecemos aceptarlo por una razón simple: las redes nos han hecho adictos a la atención; lo que más deseamos es que nos hagan caso. Una vez más, esto no es nuevo, pero su escala ha adoptado proporciones peligrosas: “Sin otra cosa a la que aspirar más que a la atención de los demás, las personas normales suelen transformarse en idiotas, porque los más idiotas reciben la máxima atención. Este sesgo intrínseco favorable a la idiotez marca el funcionamiento de todas las demás partes” de las redes sociales. Cualquiera que dedique algo de su tiempo, aunque sea una pequeña parte, a las redes sociales lo ha experimentado. Quizá no sea muy distinto de otras adicciones: excita nuestro cerebro, pero sabemos que está mal.




02 febrero 2019

Llevamos ya el ‘no lugar’ encima, con nosotros”


Pregunta. “Para ser feliz hay que conocerse, estar atento al presente y ser útil a los demás”, asegura. Pero en estos tiempos egocéntricos, dos de esas premisas no las cumple casi nadie: conocerse a sí mismo y darse a los demás…
"Las tecnologías alteran espacio y tiempo: puedes contactar con alguien en cualquier lugar y circunstancia, cuando relacionarse con el otro necesita dedicar un tiempo y un espacio concretos; es paradójico: las redes sociales están destruyendo las relaciones sociales"
Respuesta. Por eso mi propuesta es modesta; ir ni que sea al bar de debajo de casa es una oportunidad de estar con los otros, puede parecer superficial, pero en cualquier caso es real; todas las propuestas de mi libro están vinculadas al movimiento, al ir hacia otras personas; en esos pequeños momentos nos sentimos existir, con los cinco sentidos; pero hay que saber darse cuenta.

P. Toda su obra, y en este libro también, destaca la importancia de las relaciones sociales, de que nos hacemos y cobramos sentido cuando nos relacionamos con los otros, pero encuestas en EEUU detectan ya que los jóvenes prefieren interactuar en la redes sociales que quedar físicamente. ¿Tenemos miedo a tratarnos cara a cara?
R. Es el gran mal de la redes, que están trastocando la naturaleza misma de la relación humana, alteran espacio y tiempo: puedes contactar con alguien en cualquier lugar y circunstancia, cuando relacionarse con el otro necesita dedicar un tiempo y un espacio concretos; es paradójico: las redes sociales están destruyendo las relaciones sociales; la gente debería detectar que no es suficiente lo que nos dan las redes. Y pasa también que provocan que los efectos de reconocimiento sean sustituidos por los efectos de conocimiento: vemos a un presentador de televisión como si lo conociéramos, pero sólo lo reconocemos; y eso pasa con todo y con todos.
Cada vez hay un número más reducido de personas que están en la vanguardia del saber real y demasiada gente que no sabe…, pero que cree saber

P. Pide en Las pequeñas alegrías recuperar la ilusión de las primeras veces, recuperar películas y libros, lo llama “tener el espíritu de Don Juan”, siempre con la ilusión seductora del primer día… Pero condiciones laborales precarias, ritmos de trabajo y producción cultural masiva no invitan al sosiego de la re visitación…
R. Por eso hablo de “pequeñas felicidades a pesar de todo”; el más alienado puede experimentar esos momentos de existir intensamente que propongo; pero sobre todo debe ser consciente de estarlos viviendo: no son momentos que nos vendrán por azar sino que hemos de saber que se están dando en ese momento, reconocerlos para que puedan permanecer con nosotros; si uno es consciente de ellos también son una promesa de futuro.
P. Incluye en la galería de placeres, el tararear y el silbar…
R. Hoy ya no se silba ni se canta; cuando era pequeño, lo oía constantemente en las calles, en las casas; era memoria histórica y nexo generacional, vinculabas el estribillo a algo de tu pasado…En cambio, en cafeterías, centros o instalaciones hoy no paran de sonar radios o hilos musicales; hoy no soportamos el silencio. ¿Miedo de estar con nosotros mismo? No, más bien es el sistema que quiere que estemos inmersos en el ruido, quizá para tenernos más en tensión; no sé; en cambio, el ruido, el volumen hace más difícil la creación; al cantar, tenemos la sensación de crear y de recrear.
P. También sorprende que reivindica la jubilación, generalmente leída como que el sistema ha decidido que ya no le sirves y te aparca…
R. Todo depende de qué hacemos con ella; quizá sea el gran momento de la verdad, de si tomas realmente las riendas del tiempo; hay pocos momentos en la vida que podemos empezar algo y lo hemos elegido nosotros; hacer lo que siempre quisiste: crear, viajar, mudarte, plasmar un sueño…
P. En 1992, al detectar los no lugares, los ubicó en extrarradios, aeropuertos… ¿No tiene la sensación de que se han trasladado ya al centro de las ciudades, todas iguales con las mismas megatiendas, un shopping donde sólo habla la tarjeta de crédito?
R. Yo iría más lejos: hoy se puede decir que el no lugar es el contexto de todo lugar posible. Estamos en el mundo con referencias que son totalmente artificiales, incluso en nuestra casa, el espacio más personal posible: sentados ante la tele, mirando a la vez el móvil, la tableta, con los auriculares… Estamos en un no lugar permanente; esos aparatos nos están colocando permanentemente en un no lugar. Llevamos el no lugar encima, con nosotros...


17 mayo 2013

La camarera es más guapa después de la tercera cerveza


"... La historia nunca es una narrativa, es una construcción especulativa,  como la ciencia."

"Las tecnologías emergentes han sido los impulsos centrales del cambio cultural humano. Nuestras ideologías son reacciones a nuestras tecnologías.."

"Confundimos con videncia del futuro la capacidad de reconocer la extrañeza de la actualidad"

"Para mí la mejor manera de analizar las drogas es como medio de alterar lo que recibimos de lo que nos rodea. Se convierten en un problema cuando decidimos que constituyen información (o datos). La retórica de los sesenta suponía que, por ejemplo, el LSD era información. Pero hoy diría que eso equivale a creer literalmente que la camarera es más guapa después de la tercera cerveza."

"....la cirugía cosmética tendrá como resultado una uniformidad realzada, una relativa falta de variedad. "

" Creo que nunca llegamos a conocer un sistema tan plenamente como cuando hemos estado fuera de él, en algún sentido. Pero el sistema fuera del sistema siempre es otro sistema. Sospecho que los bohemios ya no son posibles de la misma manera, puesto que ahora los utilizamos como herramientas de marketing, fuentes de curiosidad, apenas nos enteramos de su existencia.


22 febrero 2011

Los seres humanos y la caducidad

El hombre se experimenta a sí mismo como "anticuado" y pequeño frente a los aparatos técnicos, que se presentan como los auténticamente "bien dotados" y que le hacen avergonzarse de su humanidad: "No hay hombres de repuesto", escuchamos decir a un enfermo terminal en un asilo para desahuciados, y se lo escuchamos decir como sonrojado porque en la era de la técnica no se haya inventado aún nada definitivo contra la caducidad de la existencia humana. Este sentimiento de vergüenza, dado que no podemos sentir vergüenza sino ante una mirada ajena, nos indica que ahora son las cosas, las máquinas, quienes nos miran. El hombre moderno desearía ser sólo un engranaje, debería ser sólo eso, pero misteriosa y trágicamente aún no está del todo adaptado a la explotación mecánica, y eso es lo que le abochorna, su propia humanidad residual. Por eso, amedrentado y fascinado por el mundo de la producción, el hombre "decide" pasarse a la condición de producto, y la llamada "ingeniería humana"(human engineering), fisiotécnica y robótica, le suministra el modo de fragmentar su conocimiento en habilidades subhumanas que subsisten mecánicamente con independencia de la totalidad de la que proceden.
(El Pais) (de Gunther Anders)