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28 septiembre 2026

La Inteligencia Artificial no tiene cuerpo

(Agustin Fernandez Mallo)

Desde que el mundo es mundo percibido por los humanos, lo que se suele llamar el inicio de los tiempos, en el eco profundo de los mitos que se han constituido, el ser humano ha arrastrado una pulsión tan enigmática y al parecer inevitable, que se ha repetido fuera donde fuere, en toda la extensión a lo largo y a lo ancho del globo terráqueo: la necesidad perpetua de crear algo que lo supere, de proyectar su propia sombra más allá de los limites de la materia biológica para engendrar una criatura dotada de voluntad propia hecha a imagen y semejanza del humano. Hoy, esa antigua ambición se manifiesta en una disciplina todavía sin nombre ni definición concreta, una suerte de neorreligión contemporánea donde se alzan apóstoles del progreso y detractores del apocalipsis.

“Es como una suerte de nueva teología. Se conforma con toda una serie de apóstoles que dicen, 'no, esto va a superar al ser humano y además va a ser beneficioso al 100% para el ser humano' y se conforma en el otro lado de la polaridad con verdaderos detractores que creen que será el fin del mundo”

 Las inteligencias artificiales actuales actúan, en el imaginario del ensayista, como entidades desterradas de su “paraíso de origen digital”, que cargan con la maldición de encarnarse en el “mundo terrenal”. No son solo autómatas robots, pues pueden llegar a ser entes a los que se pretende dotar de una voluntad propia (una libertad espuria), repitiendo una vez más el gran misterio de nuestra especie: la necesidad constante de inventar una imagen material e hipertrofiada de nosotros mismos, atrapados en un perpetuo equilibrio inestable entre la realidad y la ficción.

 “La desproporción energética que supone que mientras que el cerebro humano funciona con apenas 25 vatios, la modesta potencia de una bombilla corriente, capaz de generar arte y pensamiento profundo, mantener una conversación banal con una IA requiere el equivalente a la energía de una ciudad entera de 10.000 habitantes”. El autor reflexiona que lo que se está haciendo no es imitar la eficiencia biológica, sino “invertir recursos y energía en algo que no tiene nada que ver con la inteligencia”.

No obstante, el peligro actual adquiere matices inéditos. Según advierte el autor, la gran amenaza no reside en una “rebelión autónoma” de las máquinas, sino en la erosión de las democracias liberales a manos de grandes corporaciones tecnológicas que buscan infiltrarse en el seno de los Estados. “Los estados tienen ahora mismo una responsabilidad grandísima”, revela. “Las democracias liberales que todos conocemos quedarán a merced de una o de muchas IA. Pero ojo, las IA no funcionan solas, no tienen autonomía, aún no son ángeles caídos. Están controladas por personas, y ahí van a obtener dividendos a costa del planeta entero”

Subyace una última frontera inquebrantable que separa para siempre al algoritmo del ser humano: la materia. Frente a la ilusión de invocar un Dios digital que resuelva todos nuestros enigmas o nos otorgue una falsa inmortalidad, Agustín Fernández Mallo insiste en que lo verdaderamente constitutivo de nuestra especie es “la finitud biológica y el hecho mismo de nacer con un cuerpo vulnerable”.

“El ser humano tiene cuerpo”: “Lo que nos hace humanos es precisamente tener cuerpo, no que tengamos memoria”. 
“Una inteligencia artificial puede recibir energía de manera indefinida y acumular petabytes de datos históricos, pero carece de carne, de heridas físicas y de la conciencia de su propia muerte”, indica.

Esta conciencia de la mortalidad es, según el ensayo, el motor secreto que nos impulsa a crear arte, ciencia y pensamiento complejo. “La entropía, el aumento de la entropía del universo, lo vemos en nuestro cuerpo, tenemos heridas [...] y eso es lo que nos hace tener un lenguaje complejo”
 Sin esa corporalidad nacida de la fragilidad, sin esa memoria arbitraria construida en el presente y sin la certeza de la finitud, la máquina solo posee historia de datos, nunca memoria viva. Con la intención del creador, una IA podrá fingir ser humana y actuar como un falso oráculo mecánico, pero por ella jamás pasará la experiencia de la carne y de la muerte, trazando así una línea ontológica definitiva que la mantendrá, por siempre, al otro lado del espejo.



02 septiembre 2012

Las listas poéticas y el cuerpo

........esta manera de clasificar el mundo: "Me gusta, no me gusta: esto no tiene la más mínima importancia para nadie; aparentemente, no tiene sentido. Y, sin embargo, todo esto quiere decir: mi cuerpo no es igual que el tuyo. Así, en esta espuma anárquica de los gustos y las repelencias, especie de plumeado distraído, se va dibujando poco a poco la figura de un enigma corporal, que invita a la complicidad o a la irritación" (Roland Barthes) Que las listas de películas, libros o flores, en realidad, sean algo más que la lista de la compra solo depende de nosotros: “La avidez de la relación nos empuja a menudo a leer también las listas prácticas como si fueran lista poéticas, en realidad, lo que distingue una lista poética de una lista práctica es solo la intención con que la contemplamos”. (Umberto Eco)

30 noviembre 2011

El cuerpo natural y el cuerpo atlético


Cuando uno es deportista de élite, tienes que matar el cuerpo natural para dar paso al cuerpo atlético. Esto pervierte la relación con la muerte. Después de una carrera profesional, el cuerpo atlético ya no sirve para nada. Reactivar su cuerpo natural, una vez que su imagen está irreversiblemente destruida, es una apuesta imposible.

(Claire Carrier)

20 abril 2011

El cuerpo como accesorio de moda

Mi mayor pesadilla es una cultura habitada por post-humanos que consideren sus cuerpos como accesorios de moda más que como fundamento de su ser, mi sueño es una versión de lo post-humano que incluya las posibilidades de las tecnologías de la información sin dejarse seducir por fantasías de poder ilimitado y de inmortalidad incorpórea, una versión que reconozca y celebre la finitud como una condición del ser humano, y que comprenda la vida como inserta en un mundo material de gran complejidad, un mundo del que dependemos para seguir sobreviviendo.
(Katherine Hayles)

08 junio 2009

A solas con el cuerpo

Cuando se vive el fin de una civilización, la ultima confrontación brutal no se produce contra una sociedad, contra un Estado, contra una política, sino contra la materialidad fisiológica del hombre.

 "El hombre cae ahora en la cuenta de que no es sino un accidente, un ser sin sentido, que sin razón alguna debe seguir el juego hasta el final (Bacon)"

 No es ni pesimismo ni desesperación, es una simple evidencia, pero una evidencia que normalmente queda disimulada por nuestra pertenencia a una colectividad que nos ciega con sus sueños, sus estímulos, sus proyectos, sus ilusiones, sus luchas, sus causas, sus religiones, sus ideologías, sus pasiones. Y, un buen día, cae el velo y nos deja a solas con el cuerpo, a merced del cuerpo... (Milan Kundera)

12 abril 2006

El cuerpo es una presencia


"El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia.

Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones. A medida que la sensación se hace más intensa, el cuerpo que abrazamos se hace más y más inmenso. Sensación de infinitud: perdemos cuerpo en ese cuerpo.

El abrazo carnal es el apogeo del cuerpo y la pérdida del cuerpo. También es la experiencia de la pérdida de la identidad: dispersión de las formas en mil sensaciones y visiones, caída en una substancia oceánica, evaporación de la esencia. No hay forma ni presencia: hay la ola que nos mece, la cabalgata por las llanuras de la noche. Experiencia circular: se inicia por la abolición del cuerpo de la pareja, convertido en una substancia infinita que palpita, se expande, se contrae y nos encierra en las aguas primordiales; un instante después, la substancia se desvanece, el cuerpo vuelve a ser cuerpo y reaparece la presencia. "
(Octavio Paz)