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21 diciembre 2011

Internet y la ilusión del mundo


Con ello me refiero a la fórmula de Walter Benjamin, cuando cuenta que, en el fondo, la aparición del relato organizado, de los cuentos donde el niño triunfa ante el grande o ante el ogro, todo eso deshace el impacto de los relatos míticos donde las brujas se comen a los hombres y unos cuantos horrores más. La pesadilla mítica son los mitos originales, las cosmogonías, las cosmologías y toda una panoplia de mitos horribles y caóticos. Benjamin pensaba que el relato era una forma de alejarse de esos horrores. La pesadilla mítica siempre se relaciona con la indistinción, la indistinción entre el bien y el mal, entre los sexos, entre las distintas generaciones, etc., etc. Podemos preguntarnos entonces si no hay un riesgo de una nueva indistinción a raíz de la abundancia de imágenes. Esa abundancia nos remite a una suerte de amenaza mítica. Hay que tener cuidado. Debe haber formas narrativas capaces de poner la imagen a distancia para que la imagen se quede en lo que es, o sea, una ilustración y no una realidad. Los progresos tecnológicos nos llevan a tomar la imagen por algo real. El pensamiento escrito es mucho más articulado y es eso precisamente lo que necesitamos: un pensamiento articulado frente a la cascada de imágenes. La escritura aporta otra cosa. Sin embargo, también es lícito interrogarse sobre la noción de escritura dado que el enemigo se instaló en ese campo. Basta con abrir Internet para darse cuenta de que casi todo lo que circula allí es oralidad primitiva, primaria. —Internet es también, para usted, una suerte de ilusión. —Sí. Creemos que Internet es un fin en sí, y eso es una ilusión. Se cree que basta con ingresar en ese universo para pertenecer a la comunidad de los comunicantes. Eso es ilusorio. No pertenecemos a nada. Recién hablaba de la ilusión del conocimiento. Con Internet ocurre algo similar. En nuestra computadora tenemos toda la ilusión del mundo, pero ese conocimiento sólo es útil para quienes ya saben algo.

16 marzo 2009

Sin palabras , sin imagenes


Muchas personas sufren conflictos diversos pero no tienen las palabras necesarias para decirlo, ¡ni siquiera tienen las imagenes necesarias!, Ven la televisión pero lo hacen para tranquilizarse, no pensar, no encontrar las palabras; si se les pregunta qué han visto, no son capaces de decirlo.

La imagen deviene simplemente un medio para borrar el espacio psíquico, un medio que al final tiene utilidad porque tranquiliza durante cierto tiempo, pero solamente durante cierto tiempo, pasado el cual el conflicto vuelve. ¿Como se revolverá entonces ese conflicto?.
Hay varias soluciones, todas negativas:

Las enfermedades psicosomaticas: no tengo representación, no tengo las palabras necesarias, no tengo las imagenes necesarias, es al hígado a lo que me afecta,o a la garganta, o a la cabeza; tengo dolores.... y en el plano fisiológico no encuentro ningún deterioro de estos órganos. Ello no impide que sean los órganos los que sufren en vez de ese espacio intermedio que es el espacio psíquico y que, hasta entonces, se veía afectado por el conflicto en las relaciones humanas.

Segunda solución: El recurso excesivo a la droga, al alcohol o a otras sustancias (y por lo demás de manera creciente a estas otras sustancias) para olvidar, para no tener que ahondar en el fuero interno, en el espacio psíquico.... ¡Es un alivio, pero no es una solución!

Tercera huida: el vandalismo, el paso a la acción, la integración mas o menos franca de un sistema mafioso, en resumen, la violencia y la corrupción, toda clase de acciones que equivalen a rupturas o transgresiones y no respetan prohibición alguna.

Todos estos fenómenos son extremadamente preocupantes; cuando los analistas los observamos en una situación de laboratorio como el dispositivo del diván, tratamos de encontrar una manera de aliviar esa angustia o esa decrepitud proporcionando las palabras que faltan, proporcionando incluso las imagenes que faltan. (Julia Kristeva.)