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26 abril 2019

La ciudad solitaria (10)


La soledad buscada hace que me vaya aposentando en la "limpieza" del lenguaje, que suena a pureza, ascetismo y cosas parecidas, el quitar las manchas, la lejía del lenguaje. La limpieza esta muy cercana al silencio porque para evitar ensuciarse lo mejor es no comer, no arriesgar con la masticación, los sabores y la seda dental.

No es un síntoma de ningún estado místico en el que capte mi "voz interior" o algo así, y tampoco acabo de hacer un stage de mindfulness, solo intento no empujar al destino ,con la palabra, en mala dirección.
La función del lenguaje es comunicar, hacer común lo que por definición no lo es, lo único, “lo raro”, decía Nietzsche. Por eso es imposible. 

Extenuamos las palabras, intentando limpiarlas de contaminación y significados que descontextualizan todo lo que se intenta decir.  

Por eso a partir de ahora intentare hablar para mantener el cerebro y el centro del lenguaje activo, sin que importe lo que diga pero cuando necesite "hablar" las palabras serán "justas", "exactas", "precisas". No desechables.

Hay personas, casi todas mujeres, que me gustan cuando hablan para entrenarse, para no decir nada, para evitar decir nada, pero cuando hablan para "hablar" aterrorizan con su precisión. Se hacen las despistadas para evitar decir lo que no quieren decir, o mas bien no quieren que se note lo que quieren decir. Lo malo de los paranoicos es que la botella esta siempre medio vacía, y leo en sus espejos, en sus silencios,  en la otra cara de lo que no dicen.

Miedo me dan, pero les agradezco que no me dejen caer en la estupidez, aunque a veces el entrenamiento obligue a un esfuerzo "sobrehumano". Jamas les pido que sean sinceras, quiero seguir con mi autoengaño. Pero no pueden evitarlo. 

El unico Haiku, aunque no respete la forma, se produce en la panaderia: 
Una barra....
De que tipo?
Gallega.....
Tostada......
Me da igual....
Gracias
Que tenga buen dia.

La expresión justa...... sin añadidos..... real_food...... la vida sin paliativos....

La soledad hace que escuche el ruido del ascensor..... Suben o Bajan?

(Evaristo Cienpozuelos)

15 abril 2019

Los restaurantes de tempura y el haiku

Los restaurantes de tempura se clasifican según el grado de desgaste del aceite que empleen: en los mas costosos se emplea el aceite nuevo, que, una vez usado, es revendido a otro restaurante mas mediocre, y así sucesivamente; no es el alimento lo que se compra, ni tan siquiera frescura (aún menos la calidad del local o del servicio), sino la virginidad de su cocción.

La brevedad del haiku no es formal; el haiku no es un pensamiento rico reducido a una forma breve, sino un acontecimiento breve que encuentra de golpe su forma justa. La justedad del haiku (que de ningún modo es pintura exacta de lo real, sino adecuación del significante y del significado, supresión de los margenes, rebosamientos o intersticios que de ordinario exceden o perforan la relación semántica.)

La negación del "desarrollo" es aquí radical, pues no se trata de detener el lenguaje sobre un silencio pesado, pleno, profundo, ni tampoco sobre un del alma que se abriría a la comunicación divina (el Zen carece de Dios); lo que está establecido no debe desarrollarse ni en el discurso ni al final del discurso; lo que está establecido es mate, y lo único que se puede hacer es repetirlo; es esto lo que se le recomienda a un practicante que trabaja un koan (o anécdota que le es propuesta por su maestro): no resolverlo, como si tuviera un sentido, tampoco que perciba su absurdo (que es también un sentido) sino rumiarlo "hasta que la muela caiga". El Zen, del que el haiku no es más que la rama literaria, aparece así como una inmensa práctica destinada a detener el lenguaje, a quebrantar esa suerte de radiofonía interior que emite continuamente dentro de nosotros hasta en nuestro sueño (quizás por eso se impide a los practicantes dormir), a vaciar, a pasmar, a desecar la palabrería incoercible del alma;

El arte occidental transforma la "impresión en descripción. El haiku nunca describe: su arte es contradescriptivo en la medida en que todo estado de la cosa es inmediatamente, obstinadamente, victoriosamente convertido en una esencial frágil de aparición: momento literalmente "insostenible", en el que la cosa, que no es ya sino lenguaje, va a devenir habla, va a pasar de un lenguaje al otro y se constituye como recuerdo de ese futuro que es, por lo mismo, anterior