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17 septiembre 2026

El amor es el gran revelador




(Claire-Louise Bennett)

Lo que debería estar en el centro de la experiencia amorosa es la diferencia, el azar, y el riesgo, elementos que hoy, en un mundo dominado por las citas mediadas por aplicaciones, son prácticamente imposibles. El mundo de hoy nos anima a pensar en términos de compatibilidad. Buscamos a alguien que encaje con nosotros, que reafirme quienes ya somos. Esa manera tan consciente de abordar las relaciones puede resultar bastante transaccional, algo parecido a ir de compras, porque nos obliga a definir de antemano qué buscamos en una pareja, qué esperamos de una relación y cuáles son nuestros límites. Y el amor es todo lo contrario. El amor es el gran revelador.

El amor nos revela quiénes somos de verdad. Nos muestra cosas sobre nosotros mismos que jamás nos habíamos atrevido a imaginar, y mucho menos a admitir. Por eso la atracción que nace en la vida real tiene una fuerza tan enorme y, al mismo tiempo, resulta tan perturbadora. A Anaïs Nin le aterrorizaba la idea de quedar fijada en una personalidad estable y definida. Quería fluir, estar siempre transformándose, y, para ella, el amor era lo que hacía posible esa especie de movimiento perpetuo, esa expansión existencial. Sus relatos y sus novelas muestran, de hecho, cómo los encuentros íntimos pueden desarraigarte, poner tu mundo del revés, llevarte muy lejos de quien sea que creas que eres en ese momento. Lo que hoy podría despacharse como simple romanticismo es, en realidad, lo que hace del amor una experiencia profundamente singular. Al fin y al cabo, es la fuerza más poderosa que existe, siempre que uno tenga el valor de no intentar administrarla ni dirigirla.

Samuel Beckett decía que la tarea del artista no consiste en aclarar las cosas, sino en encontrar una forma de dar cabida al desorden.

Mi escritura sigue un camino roto, lleno de falsos comienzos, callejones sin salida y parajes invadidos por la maleza. Y, de vez en cuando, aparecen pequeños claros donde hay una sensación de tregua, de inmediatez y de comunión. La cosa es que no escribo para afirmar nada. Escribo negando, subvirtiendo, socavando. Y es así porque, aunque necesitamos depositar cierta fe en la realidad para poder seguir viviendo, en el fondo no creo que eso que llamamos realidad exista. 

(Claire-Louise Bennet)

09 marzo 2011

La imposibilidad de decir


..... ¿de qué habla el habla? ¿De qué puede hablar?, en un mundo en el que el pasado es liquido y el sujeto una ficción. ¿Puede decirse algo más que el horror de la perdida, la sorpresa de lo equívoco, puesto que la contradicción es la única posición posible.
...... ¿Por qué resistirse a callar cuando se sabe que nada de lo que se dice tiene sentido, hoy y para mí?. ¿Por qué empeñarse si se ha caído en la cuenta de que no saber nada no es nada, no querer saber nada tampoco, pero lo que es no poder saber nada, saber que no se puede saber nada, éste es el estado de la perfecta paz en el alma del negligente pesquisidor.

Solo resta condenarse al drama de la imposibilidad de decir.

30 marzo 2010

Beckett omnidoliente


Yo no entendía a las mujeres por entonces. Lo que es más, aún no las entiendo. A los hombres menos. Tampoco a los animales. Lo que mejor entiendo, que no es mucho decir, son mis dolores. Pienso en ellos a diario, no me lleva mucho tiempo, el pensamiento es tan rápido. Sí, hay momentos, particularmente en la tarde, en que me vuelvo todo sincretismo, a lo Reinhold. ¡Qué equilibrio! Pero aun a mis pensamientos los entiendo mal. Seguro es porque no soy sólo dolor, eso ni hablar. He ahí el problema: A veces se aquietan, o yo, y me llenan de sorpresa y fascinación, se ven como de otro planeta. No muy seguido, pero no puedo pedir más. Ay, ¡qué vida tan de esto y lo otro! Ser sólo dolor, eso sí que facilitaría las cosas. ¡Omnidoliente!...

(Samuel Beckett)

15 mayo 2009

El mundo y el pantalón


EL CLIENTE: Dios hizo el mundo en seis días, y usted no es capaz de hacerme un pantalón en seis meses.

EL SASTRE: Pero señor, mire el mundo y mire su pantalón.


(Samuel Beckett)

26 noviembre 2007

La merienda


Nos desmenuzamos, pequeños actos que nos reflejan mucho mas que las grandes direcciones. De repente se nos caen trozos repetidos, muertos, la palabra que sobra, los intentos vanos de acotarlo todo, de no acotar nada, de obtener demasiadas explicaciones, el hablar por hablar, la costra de la palabra por evitar el silencio.

“Mortal, los recuerdos. Por eso no hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria. Es decir, hay que pensar durante un momento, un buen rato, todos los días y varias veces al día, hasta que el fango las recubra, con una costra infranqueable.(Samuel Beckett).

La llamada que no hago, la imagen que procuro no imaginar, el odio que intento sentir. La austeridad es una guía, no agotar el sentir en banalidades. El amor a los padres, a los hijos, el trabajo bien hecho, la ordenación de la vida, el aprovechar el tiempo, el perderlo, la merienda, el único momento que nos refleja, pan con chocolate sin proyectos.
Dejamos de vivir por no poder vivir lo que queremos.

(Rafael Cid)