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04 septiembre 2014

Continuidad de los Parques

 
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. 

Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.


Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.



    (Julio Cortazar)

28 abril 2014

Todo poeta es un extrañado

(Izara Batres)

"....la poesía supone el único pasaje posible hacia la surrealidad, hacia esa otra ciudad secreta, por ello "todo poeta es un extrañado".


.....cada vez que el poeta es sensible a su lateralidad, a su situación extrinseca en una realidad aparentemente intrínseca, reacciona poéticamente; dicho de otra manera, escribe poemas que son como petrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este "de" a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni critica interna.

Dudo que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca; más aún, que no la active y la potencie al sospechar que es precisamente la zona intersticial por donde cabe acceder. De este modo el extrañamiento es un "challenge" que requiere una "response" ya sea en forma de poema o de resistencia ante la "solapada deformación que la cotidianidad codificada va montando en la conciencia con la activa participación de la inteligencia razonante, los medios de información, el hedonismo, la arteriosclerosis y el matrimonio inter alia.

El poeta es quien percibe, siente y ansia; pero sobre todo es, quien es capaz de nombrar ese ansia y transmitir tan siquiera la sospecha del orden alternativo que alcanza a vislumbrar. Es ese en ultima instancia, el sentido de un perseguidor consciente de las fallas del sistema. 

Los extrañados a secas se integran en la excentricidad hasta un punto en que lo excepcional de esa condición, tiende a volverse condición natural del sujeto extrañado, que así lo ha querido y que por eso ha ajustado su conducta a esa aceptación paulatina. 

(Textos de Cortazar dentro del libro "Cortazar y Paris: ultimo round de Izara Batres)

31 marzo 2014

El Humor y la superrealidad



"El humor es una manera de romper los moldes y abrir un camino positivo que no encontraremos jamas si seguimos plegandonos a las frías y sensatas reglas del juego del enemigo" (Cortazar: Nuevo elogio de la locura).

".......el lado surrealista brinca alrededor del drama existencialista acompañándolo livianamente y cumpliendo en un juego mas hedonico e irresponsable su cacería de ser........ Así, el humor incesante del surrealista lo mantiene lejos de la angustia existencial" (Cortazar: Humanismo mágico y heroico).

Desde la perspectiva de Cortazar, el humorista, en su dislocación, es otro extrañado, igual que el poeta, que canaliza este extrañamiento hacia la excentricidad, hasta hacerlo, prácticamente, un modo de vida (Izara Batres: Cortazar y París: Ultimo round).

"... Pienso en Jarry, en un lento comercio a base de humor, de ironía, de familiaridad, que termina por inclinar la balanza del lado de las excepciones, por anular la diferencia escandalosa entre lo sólito y lo insólito" (Cortazar: La vuelta al día).

".... quien tiene sentido del humor tiene siempre la tendencia a ver en diferentes elementos de la realidad que lo rodea una serie de constelaciones que se articulan y son, en apariencia, absurdas. Es decir, que el humor nos sitúa en ese espacio abierto a la sobrerrealidad, porque, humanismo mágico, el surrealismo niega todo limite razonable en la seguridad de que solo las formas, la dogmática lógica y las mezquinas condiciones deterministas de la comunidad gregaria han vedado al hombre el acceso a lo que él, provisoriamente denomina superrealidad" (Cortazar: teoría del túnel).

"Una revolución que no abarque todas las estructuras de la personalidad humana, y la lingüística es primordial, es una revolución a medias, una revolución amenazada desde dentro mucho más que desde fuera." (Cortazar: Papeles inesperados)

16 marzo 2014

La porosidad del niño y la madurez

Julio Cortazar

Todas las mujeres con las que he vivido, que no son pocas, todas sin excepción me han dicho en algún momento: “Lo que a veces es terrible en ti es hasta qué punto eres niño”. Tengo lados pueriles a veces excesivos, probablemente. Y es que frente a cierto tipo de situaciones ante las cuales los adultos reaccionan naturalmente como adultos, y no soy yo quien se los reproche, me parece perfectamente lógico, mi reacción suele ser pueril, de juego. Eso lo sentí en mi primera juventud cuando leí ese clásico de la literatura inglesa que es Peter Pan, la historia de un niño que no quería crecer. Y me asimile un poco a eso. Una vez una mujer en Buenos Aires me dijo: “vos te debería llamar Peter Pan”, y me pegó un golpe porque coincidía con esa especie de asimilación del personaje que yo había hecho definitivamente..

En momentos en que hay que adoptar una decisión de adulto, muchas veces yo me refugió en un estado de espera, pueril, realmente infantil, como si la solución fuera venir de otro lado, como si yo tuviera un padre todopoderoso que me va sacar las castañas del fuego.

Nunca he sentido que eso fuera un factor negativo porque la contrapartida es esa gran porosidad, la capacidad de captación que tiene el  niño y que al adulto, por razones obvias, se le va escapando.

Finalmente, ¿que es madurar?. Es una operación selectiva de la inteligencia que va optando cada vez más por cosas consideradas como importantes, dejando de lado otras. Para el adulto deja de ser importante jugar a la rayuela y pasa a ser importante pagar el alquiler. El niño, como a lo mejor ni sabe lo que es el alquiler, juega a la rayuela como algo muy importante.

Recuerdo muy bien cuando era niño el sentimiento de escándalo que me producían cuando llegaban los grandes y decían: “bueno, bueno se acabó el juego, hay que ir a comer y acostarse”. Me parecía  una especie de atentado, de irrupción: no habíamos terminado de jugar el partido de fútbol y nos salían con esas cosas. No pensaban un solo minuto que nuestra dimensión de niños era  tan importante como la de ellos. Y ese sentimiento me ha quedado. 

¿Vos crees que si yo no hubiera conservado esa porosidad que tiene el niño sería el escritor que vos conocés? Esto nos lleva a una tentativa de definición de lo lúdico no como una visión trivial sino como una actividad profundamente seria. El juego como algo que tiene su importancia en sí, un sistema de valores que puede dar una gran plenitud a quien lo está practicando.


En ese sentido la literatura siempre fue un ejercicio lúdico para mí. No creo haber cambiado de actitud entre aquel niño que construía un mecano y se pasaba horas inventando una nueva grúa y el hecho de inventar un “modelo para armar” en la escritura. Hay una equivalencia en la que los años no han mordido. No me han cambiado en ese plano.

La literatura como juego me parece el más serio de todos.

(Ernesto González Bermejo: Conversaciones con Cortazar)

05 marzo 2014

Todo estaba cargado de infinito

(Julio Cortazar)


"Con Julio Cortazar era posible ser muy amigo, y sin embargo no intimar. Como uno lo pasaba muy bien en el plano amistoso, se podía prescindir de lo intimo: aunque a veces costaba toparse siempre con esta "puerta condenada", que reducía los espacios de la convivencia, al final siempre ganaban el humor, la simpatía y uno terminaba dejando la puerta tal como estaba" (Jean Barnabe)

"Cuando salimos a la calle llego el momento de despedirnos. Nos abrazamos. Cuando me fui, no me di vuelta. Tenia miedo de que ya no nos fuéramos a ver más. Y así sucedió. (Jean Barnabe)

"Es curioso, yo guardo el recuerdo de mi juventud con tanta triste ternura como vos, pero hoy en día me siento tanto o más ávido que entonces. La diferencia es que trato de pegar el tarascón de una sola vez, y no dar vueltas mordiéndome la cola como los cachorros. Yo creo que la única gran perdida son las ilusiones, y a veces las certidumbres, por hermosas que sean no alcanzan a reemplazarlas.........

.......... "detrás de todo lo que te estoy diciendo y me estoy diciendo, hay sin embargo una gran melancolía. Toda la conciencia vigilante de este mundo no paga, quizá, aquellos deslumbramientos de los dieciocho años, aquel valor increíblemente mágico de un pocillo de cafe en su momento, de una playa, de una pagina de libro. ¿Te acuerdas de lo que era entonces recibir el regalo de un amigo?. Era como una salpicadura de divinidad. Las más pequeñas cosas, una cita, un cumpleaños, un banco de plaza, todo estaba cargado de infinito, no se decirlo de otra manera. Uno reía y lloraba de otra manera. No sabes, no puedes saber lo que despierta en mi el recuento de pasado que haces al final de tu carta. Cada nombre, cada música, cada episodio que mencionas. Tu eres el único, ya, que los comparte conmigo. Cuantos muertos, cuantos ausentes, y cuanto olvido preparandose en el tiempo. Creo, después de todo, que tu carta me ha hecho un poco de daño del que no eres culpable. " (Carta de Julio Cortazar a Eduardo Jonquieres 1954)

14 agosto 2012

El silencio y Felisberto Hernandez


El silencio, esa prudencia que impide caer en la desesperación , lo que no se nombra no existe, y al mismo tiempo no da pábulo ni categoría nominal a la mierda que nos rodea, que de tanto hablar de ella le damos un criterio de realidad que no debería tener. ¿ Como tener un camino propio, proustiano, en el que nuestro recuerdos empapelen las paredes de nuestro mundo cada vez más desnudo?

Cortazar describe la obra de Felisberto Hernandez:

“Totalmente entregado a una visión que lo desplaza de la circunstancia ordinaria y lo hace acceder a otra ordenación de los seres y de las cosas, a Felisberto no se le ocurre nunca reflexionar sobre su país, sobre lo que está sucediendo en el plano histórico, y se diría que su mirada se detiene en las paredes que le rodean, sin esforzarse por extrapolar sus experiencias, por entrar en una estructura de paisaje o de sociedad.
…..”nuestra fuerza secreta o desaforada, nuestra lenta, perezosa manera de ser frente al destino planetario, toda la hermosura y la tristeza de un patio de casa pobre o de un partido de naipes entre amigos, asoman en esa especie de invencible desencanto que nace de los relatos de Felisberto. Testigo sin ganas, espectador al sesgo, él toca sus tangos para mujeres nostálgicas y cursis; como todos nuestros grandes escritores, nos denuncia sin énfasis y a la vez nos alcanza una llave para abrir las puertas del futuro y salir al aire libre.”

25 mayo 2011

Los encuentros a deshora


No aceptar otro orden que el de las afinidades,
otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora,
los verdaderos.
(Julio Cortazar)

No se porque, los encuentros programados, con el discurso preparado, siempre son frustrantes. Esa sensación de actuación fracasada, el miedo al derrumbe de la imagen de uno, apuntalada con chatarra. Siempre el miedo..... Solo se puede comenzar a vivir a partir del fracaso, a partir de renunciar a la habilidad de engañar a los demás, de hacerles creer lo que no somos.

Como decia Borges: Mi vida ha sido un fracaso, pero hasta en eso he fracasado.

(Evaristo Cienpozuelos)