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18 febrero 2021

La Pandemia (7)




Con la edad, a pesar de la pandemia, he perdido la resiliencia. Antes pensaba que era estar callado, pero muy callado, pero mi amigo Alfredo que lee periódicos alguna vez, no solo el Marca, me ha dicho que es la nueva política de la UE. Parece que es tener la capacidad de aguantar o algo así.

He leído en algún sitio que soy un "viejuno" digital, que tampoco se refiere a la artrosis de dedos sino a tener memoria histórica de la tecnología. O sea la nostalgia de "aquellos tiempos".

Por ejemplo la TV y sus épocas: parte de la infancia sin TV, después acudir a la tienda de Electrodomesticos del barrio la noche del viernes donde nos aglomerabamos para ver a Tarzan y Johnny Weismuller. La Tele en casa, la uno luego la dos. El Tour de Francia.....

Encendiamos la tele a ver qué "echaban". Una película a la semana, daba igual la que fuera, la veíamos entera. Ahora las plataformas te permiten escoger en cada momento lo que quieres ver aunque a veces no vemos nada porque elegir entre tanta oferta genera ansiedad.

Que "tiempos aquellos" en que no había que decidir, la ansiedad no existia.......

Posteriormente el alquiler de vídeos, ibas a ultima hora de un viernes y comprobabas que la ultima película estaba reservada o con escasas copias . Sin futuro hasta 48 horas después ... pero ya no era fin de semana y nos daba igual.

Los viajes con el mapa desplegado sobre las rodillas, con alguna mancha de grasa por los bocadillos de tortilla, imposibles de plegar tras la primera apertura. Las preguntas en las gasolineras o en los pueblos.

Ahora cuando te detienes en el arcén o una calle tranquila, buscando un sitio al que llegar, ya no es para buscar a un vecino (que siempre era de fuera) y preguntarle por instrucciones sino para con tranquilidad coger el teléfono y buscar en Google Maps.

En fin ........ que tiempos aquellos...... Otro día hablaremos del poliamor..... (le preguntare a Alfredo que es esto)

27 enero 2021

LA PANDEMIA (6)

 Recuerdo, ahora,  a pesar del horror y la muerte acechando, con cierta nostalgia,  los días del confinamiento. (Calla..... ni lo pienses....como te pille algún restaurador es tu fin)....  el mundo se redujo a la casa, los paseos por el pasillo, las horas organizadas, las comidas como el clímax diario, el teatro de la vida representada en un pequeño guiñol. 

Una vida sola y miserable pero con medida humana, todos fuimos iguales unos días, el dinero no daba gran ventaja, no podías salir a gastarlo, los privilegiados se median por el tamaño de la vivienda, el congelador y los rollos de papel higiénico.

Las películas antiguas, los guisos de la abuela, esas sopas de ajo y huevo, la siesta sin culpa, el tiempo y su aprovechamiento no existían. Estuvimos cerca de la felicidad..........Pero todo volvió a cambiar, volvimos a salir a la calle, comprar en la ferretería, odio las ferreterías, quedar a tomar un café y comprobar con desesperación que todo seguía igual, la misma estupidez y aburrimiento de siempre. 

Ahora salgo con mascarilla, he aprendido a sonreír con los ojos, puedo jurar por lo bajini, y mantengo las apariencias. 

Me gustaría ser como Bartleby: "No sólo resulta que el diligente escribiente que se había entregado como pocos a su tarea de copista se desentiende de hacer lo que se le pide, es que ni siquiera se rebela para no participar en el trabajo, ni se enfurece, ni se enfrenta a nadie, ni alza la voz, ni se pertrecha como un enemigo. Simplemente prefiere no hacerlo. Y Bartleby, así, se desentiende de todo vínculo, de toda empatía o solidaridad con los que son como él, de todo compromiso con el que lo emplea, de toda sintonía con el proyecto que a gusto o a regañadientes comparten los demás. Al poco llega el día en que prefiere ya no copiar ningún documento. Y se queda como un pasmarote mirando el muro que hay delante de su ventana."

Estos días en que vemos que nada ha cambiado, ni siquiera el apocalipsis hace cambiar a la gente, los políticos, me hace añorar el Bartleby en el que me convertí unos meses.


Pero nadie soporta a los Bartleby: “Se diría que se consideran responsables. los gobernantes, de las acciones y del destino individual de sus súbditos, y que han comenzado a guiar e iluminar a cada uno de ellos en los diversos actos de su vida y, si es necesario, a hacerlos felices incluso contra su propia voluntad”. (Tocqueville).

Cada vez nos tratan peor, quieren hacernos felices a pesar nuestro. Malditos........

31 julio 2020

Berardi, Savater y la Pandemia

(Fernando Savater)

Fernando Savater: "No pienso que esta epidemia marcará un punto de inflexión en la historia de la humanidad"

"Ni nos cambiará en lo profundo ni nos hará mejores, como sostienen quienes define como “predicadores laicos”.

“No creo que vayamos a salir más fuertes ni más buenos. No. Vamos a salir más pobres, porque esto será un golpe muy grande para todos los países"

“Las cosas que cuentan en la vida no son los grandes objetivos, sino los pequeños placeres”

"Cuando acabe la pandemia y encontremos la vacuna, la gente volverá a lo mismo que éramos. Pestes y plagas ha habido muchísimas y la humanidad no ha dejado de ser lo que era. La condición social de los humanos es mucho más importante que una plaga accidental, por muy grave que sea." 

(Franco Berardi "Bifo")
Franco Berardi:  «Estamos entrando en la época de la extinción». Solo se puede evitar la caída apostando por la igualdad en la era post-Covid. Berardi llevaba tiempo avisando de que vivíamos en el interior del "cadáver del capitalismo" y no nos dábamos cuenta. 

-Toca inventar formas de sobrevivir que privilegien lo útil por encima de la acumulación del (abstracto) valor monetario. Pienso que salimos de la época en que la expansión era posible y deseable para una parte de la sociedad, y estamos entrando en la época de la extinción.

-Para perseguir la expansión, el capitalismo empezó a destrozar masivamente los recursos físicos del planeta y las energías nerviosas de los humanos. Puso las bases de la extinción. Cuando la depresión produzca efectos políticos de agresividad, enemistad y miedo, la extinción es probable.

-¿No hay vuelta de hoja?
-No, si no logramos permanecer en el exterior del ‘cadáver’, si aceptamos volver a la normalidad del mercado, del capitalismo, de la aceleración psicótica. La condición pandémica -sumada al cambio climático- es el momento de redefinir el horizonte de la economía, de la relación social, de la intimidad misma.

-¿Por dónde pasará la felicidad fuera de la idea de crecimiento?
-‘Felicidad’ y ‘crecimiento’ son términos incompatibles. Propongo que olvidemos palabras complicadas como ‘felicidad’. ¿Me permite re-formular la pregunta?

-Adelante.
-La pregunta es: ¿por dónde pasará la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad?
«Igualdad no es renuncia, sino percepción frugal del gozo y de la riqueza»

-¿Y la respuesta?
-En lo que ya existe: en nuestro saber, tecnología y potencia de producción, pero enfocados al interés de todos. En los próximos meses –y años– nos veremos obligados a elegir entre una miseria creciente y la redistribución de la riqueza existente. Si una minoría explotadora pretende mantener sus privilegios, vendrán años de guerra civil en todos los lugares de la Tierra. ¿La manera de evitarlo? ¡La igualdad!

-¿Qué entiende por ‘igualdad’?
-No me refiero a la renuncia, sino a una percepción frugal del gozo y de la riqueza. ‘Riqueza’ es el placer de las cosas y de los acontecimientos, y sobre todo es el tiempo para gozar de lo que tenemos. La reconquista del tiempo –que paradójicamente ha posibilitado el covid– es crucial. Debemos de ser capaces de conjugar seguridad y sensualidad.

-Usted solía invitar a «reconocer el placer en el cuerpo del otro». Y ya ve.
-Cuando pienso en el futuro, lo más difícil de imaginar es cómo percibiremos el cuerpo del otro en la calle, en el café, en la cama. Es probable que salgamos del distanciamiento social con un miedo instintivo al cuerpo del otro, a sus labios.
«Puede que la dimensión ‘on line’ nos recuerde a una época angustiosa y volvamos a la sensualidad»

-Afectos, trabajo, escuela y ocio, de momento, pasan por las pantallas.
-La pantalla es el lugar de la seguridad, pero es también el lugar de la anestesia, de la ablación de la sensualidad. ¿Podemos imaginar una humanidad que se libere definitivamente de la ternura física, de la seducción de los ojos, de los labios, de las manos que se tocan delicadamente?

-¿Puede usted?
-Yo no lo puedo imaginar, y punto. Si lo imagino, es la peor distopía: un mundo eficiente, exacto, perfectamente compatible con la matemática financiera, pero muerto. Me hundiría.




28 julio 2020

La felicidad ya no se declina en futuro, ya pasó


(Tatsuo Horiuchi)

A estas alturas, todos nos hemos dado cuenta de que este verano todo lo que antes nos parecía normal se ha cubierto con un velo de tristeza, todo tiene un sentido nuevo que además nos parece peor. Porque, de alguna manera, todos sentimos que ya no volveremos a ser felices, al menos no de la misma manera. Creo que es porque, hasta ahora, la felicidad la veníamos declinando en futuro, igual que el éxito. Así que era algo que estaba lejos y que estallaba de pronto en instantes de consecución de un logro o de un objetivo. Un momento de gloria que nos impulsaba hasta la siguiente meta. Pero la covid-19 nos ha dejado a todos desnudos ante el futuro. Porque esta pandemia ha invertido la flecha del tiempo y ahora la felicidad ya no es algo que está por llegar sino aquello que nos pasó sin darnos cuenta. El paradigma ha cambiado: éramos felices y no lo sabíamos, recordamos ahora mientras estrenamos una felicidad que se declina en pasado.


Esta pandemia ha invertido la flecha del tiempo y ahora la felicidad ya no es algo que está por llegar sino aquello que nos pasó sin darnos cuenta

Vivimos una vida sin pandemia y ni siquiera nos enteramos de nuestra fortuna. Fuimos tan libres que nunca imaginamos que pudiéramos vivir encerrados. La pregunta obligatoria es qué hicimos con aquella felicidad, a qué dedicamos nuestra vida y nuestros esfuerzos. “La vida mejor no es la más agradable”, me silba Séneca desde la tumba. Sin duda no supimos vivir la vida mejor. Cuando todo iba bien, nos hicimos expertos en anestesiar todo lo que estaba mal. Y ahora, atravesados por la flecha del tiempo, la felicidad nos parece algo que dejamos atrás y no tenemos ni idea de qué vamos a hacer con la vida que nos queda por delante. Las noticias hablan de primas de riesgo, de paro, de ERTE, de muertes, de Europa, cada vez menos de Siria o del hielo de los glaciares, aunque allí siguen. Y mientras tanto, nosotros intentamos ser felices incluso en el peor verano de nuestras vidas.

Quizás sea hora de recordar que antes de la covid-19, cuando las cosas nos iban mejor y éramos más felices de lo que ahora somos, la felicidad fue también una forma de domesticarnos, de aprobar exámenes, de conseguir trabajo, de ligar. De avanzar hacia lugares a los que no sabíamos si realmente queríamos ir. La ideología de la felicidad flotaba en el aire hasta volverlo asfixiante. Entonces los jóvenes nos parecían siempre más felices que los mayores, por más que lo estuvieran pasando fatal. Porque en la medida en que la felicidad se declinaba en futuro, los niños y los adolescentes se consideraban sin duda los seres más afortunados de la tierra. Y se daba por hecho que a los viejos les quedaba ya poca o ninguna plenitud por descubrir. Esto no se decía, claro, pero se sentía. Y se ha sentido mucho más duro con la gerontofobia de esta pandemia. Por lo demás, no puede haber una ideología más triste que aquella empeñada en que el avance de la propia vida está reñido con la esencia misma de la felicidad. ¿Quién no estaría triste en un mundo así?

A vivir y a morir hay que aprender toda la vida, decían los clásicos. Pero hace mucho que esa asignatura nos la quitaron del programa de estudios y hasta del vital. En su lugar nos dieron un currículo y un smartphone. Las redes sociales usaron tecnología punta para convertir la idea de felicidad en una mentira social monetizable. Y nosotros hicimos el resto. Pero aquí estamos, inaugurando juntos un tiempo nuevo. Porque, por primera vez, no es más importante decirnos a nosotros mismos (individuos y sociedades) quiénes vamos a ser el año que viene o dentro de diez sino confesarnos cómo hemos llegado hasta aquí.

Es hora de asumir que aquella idea de felicidad que hoy añoramos, no nos trajo nada bueno. Nada tan bueno, desde luego. La mayoría de las veces no hizo que encontráramos nuestro sitio en el mundo ni que fuéramos capaces de conquistar el placer sin olvidarnos de todo lo que estaba mal. Y por tanto, en cierto sentido, fue inútil. Me gustaría que mi sociedad, mi ciudad y mi cultura no volvieran a olvidarse de todo lo que está mal. Que la felicidad deje de ser moneda de cambio y el placer un anestésico. Siento cómo empieza a soplar el viento de otra vida por vivir, como en la novela de Theodor Kallifatides. Y me digo que, con un poco de suerte, la felicidad nunca volverá a ser lo que fue.

(Nuria Labari) 

02 junio 2020

LA PANDEMIA (5): Envejecer participando

(Domingo por la mañana: Edward Hopper)
 
   Envejecer participando...... Sigo buscando consignas para suavizar este desierto hacia la extinción que es la vejez. Viajar no me sirve, mi cabeza, mis tics, mis manías son las mismas aquí o en Nueva Zelanda. Me cuesta mucho percibir sin sesgos. Mis agujeros negros modifican de una manera fundamental mi visión del mundo. No quiero verlos.

Hay que relacionarse........ aquí puedo aplicar casi el mismo argumento..... todos repetimos nuestras narrativas, que nos salvan de vernos como estúpidos, egoístas, crueles, ....... (y  podemos añadir mas o menos adjetivos sobre la naturaleza humana, depende de la capacidad para hacer el mal de cada uno). Incluso narrando hechos externos, sin relación directa con nosotros, los contaminamos con nuestra aburrida visión. 

Parques temáticos, rutas gastronómicas, degustaciones, mantas eléctricas, todos los artilugios para entretenernos, querernos mucho, mejorar nuestra autoestima o perdonar nuestra estupidez, quien sabe. 

Ahora tenemos que hacer el ejercicio de modificar nuestro pasado, nuestra memoria histórica, las personas que hemos dejado, lo que no dijimos, lo que dijimos, lo que no hicimos, no nos atrevimos, lo que hicimos, por no atrevernos....... los caminos cruzados de confusiones y deseos que nos han llevado hasta hoy.  

De repente nos encierran, el maldito virus, cuando te acostumbras a aceptarte en cautiverio, una especie de San Quintín sin abusos sexuales,  te liberan. Hay que volver a disfrutar del paseo, la pequeña libertad, la frescura del aire y el gorjeo de los pájaros. El sudorcillo del bigote con la mascarilla, el recordar los problemas que ya tenias y que habían quedado congelados con la pandemia. 

El Whattsapp deja de echar humo y a pesar de las protestas volvemos a lo de antes de la epidemia, que casi nadie nos escribía ni llamaba y gracias, porque nunca he tenido conversación.

Alfredo, mi único conocido-amigo, esta mas tranquilo, el Marca ha aumentado el numero de paginas, vuelve el fútbol. 

Bueno, dejo de quejarme, estoy haciendo un curso de envejecimiento activo, pero he incluido la clausula de no-madrugar ni andar con bastones, parecen esquiadores despistados. Tampoco quiero relacionarme con mujeres optimistas, me deprimen y las depresivas me aburren. 

En realidad solo me queda el cine, como dice Woody Allen : "Es estupendo. Es como hacerle novillos a la vida (Hablando sobre ir al cine durante el día).



25 marzo 2020

La Pandemia (4): El poema de la Pandemia


La situación actual se va a prolongar por mucho tiempo. El encierro cederá pero la situación de protección y prudencia continuará meses. Navego mucho por la red buscando noticias, consuelo, explicaciones. Me he encontrado con "El poema de la Pandemia", un texto sereno
“Y la gente se quedó en casa. Y leía libros y escuchaba. Y descansaba y hacía ejercicio. Y creaba arte y jugaba. Y aprendía nuevas formas de ser, de estar quieto. Y se detenía. Y escuchaba más profundamente. Algunos meditaban. Algunos rezaban. Alguno bailaban. Algunos hallaron sus sombras. Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
Y la gente sanó. Y, en ausencia de personas que viven en la ignorancia y el peligro, sin sentido y sin corazón, la Tierra comenzó a sanar.
Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas imágenes, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados".



Este texto ha sido publicado en un blog inglés, aunque no es original de la autora del blog sino que se remonta al año 1800, en una epidemia de peste. 

No somos los primeros que viven una situación que nadie pensó que podría volver a ocurrir. No se si aprenderemos a vivir de otra manera. Porque los buenos propósitos de hace 200 años no se han cumplido. Cuando todo esto acabe la vorágine seguirá, seguiremos ocupando el tiempo para evadirnos de la conciencia de que no sabemos que hacer con nuestra vida. 

La famosa frase achacada a John Lennon, resume la situación: "La vida es eso que sucede mientras hacemos planes. 

(Evaristo Cienpozuelos)





22 marzo 2020

La Pandemia (3)

El grito: Edward Munch

El mundo se reduce a nuestra vivienda. El enemigo esta dentro, acecha para la invasión,  en el pomo de una puerta, en cualquier superficie. Nos hemos reducido drásticamente el espacio exterior y al mismo tiempo también podemos tener invadido el espacio interior. Estamos evolucionando de la ciencia ficción al terror.

En realidad y no es pose, no me importa mucho morir, no creo que me suceda nada tremendamente nuevo e interesante en la vida que me queda. El mundo actual es tan cambiante e imprevisible que nunca pensé que me sentiría tan perdido.

Primero las etapas de la vida nos las indican,  sutilmente, como se indican  estas cosas, sin nombrarlas. No sabes lo que vas a hacer pero sabes lo que no vas a hacer, porque no se te ocurre, porque en tu modelo no cabe.

Luego, tras un arduo y  trabajoso periodo de reflexión, de vivencias y  errores empiezas a pensar que sabes lo que haces, que decides. Craso error. Si, decides, pero dentro de los limites de tu modelo, inmodificable, inalterable, Puedes modificar el software pero no el hardware.

Cuando llegas a la vejez, ese periodo en que no esperan nada de ti, te tratan con amabilidad y hasta ternura, pero como si nunca supieras lo que haces o tu discurso estuviera siempre fuera de tiempo. Te llaman señor y te dejan el asiento en el autobús los chicos de la concertada. Te conviertes en una excusa para que los demás demuestren su bondad. 

Intento ser positivo, frase repetida que se ha convertido en un slogan vacío. Hay que recordar la frase de B. Russell diciendo que un optimista es un imbécil simpático y un pesimista un imbécil antipático. Puede que eso cambie en la vejez, seguimos siendo imbéciles pero ya no nos importa tanto caer simpáticos. 

Se ha producido el viraje, lo que parecía imposible ha sucedido. Lo real ha traspasado lo ilusorio, lo imposible ha sucedido, la publicidad del Corte Ingles resulta ridícula por su infantilismo. Se acabaron las carreras hacia las rebajas. La rebaja la tenemos en casa y ha venido para quedarse. 

"No somos soñadores. Estamos despertando de un sueño que se convierte en una pesadilla. No estamos destruyendo nada. Estamos viendo cómo el sistema se destruye a sí mismo." (Slajov Zizek)

21 marzo 2020

La Pandemia (2)



Sigue el aislamiento, el encierro, el intento de tragar lentamente lo que jamás imaginamos que nos podía suceder. He bajado la basura, he ido a comprar, pocas cosas, todo nos lleva hacia la austeridad , como si el permiso para la alegría del consumo  hubiera desaparecido. 

Nunca había sentido tan intensamente como ahora el cambio de paradigma. Creo que ha acabado una época y empieza otra impredecible. Los comentarios de tranquilidad, tan racionales, se quedan ajenos a la realidad. No se si sabremos vivir con la incertidumbre que acaba de nacer.

Me estoy envolviendo en esa seriedad depresiva con tintes de "la vida es asi", que tanto odio, ese hablar con pedantesca suficiencia, aunque ahora tras los cursos de habilidades sociales se disimula con cierta ironía y una falsa humildad. Esa suficiencia que encubre la falta de dones, de creatividad, la gente creativa que tiene "realmente" algo que decir no se preocupa tanto de la comunicación.

Alfredo sigue "agobiado", solo baja a la calle a comprar el Marca, como si la ruleta del deporte le hiciera olvidarse de la realidad. 

Yo me defiendo con mis mecanismos obsesivos, mis rutinas procrastinadoras, mis pequeñas tablas de gimnasia, los aplausos a las ocho y todas esas cosas que nos envuelven en la "solidaridad", esa que sentimos cuando nos pasa algo a nosotros, no al que pide en la entrada del supermercado. 

He reordenado los estantes del trastero y abierto huecos para mantener una "reserva estratégica" de papel higiénico, pañuelos, papel de cocina, algunos botes.

Íbamos hacia el futuro, lanzados, interconectados, y volvemos hacia el pasado, el virus del 18.

Miro por la ventana y a cualquier hora veo el interior de la casa de los vecinos de enfrente. No tienen cortinas ni bajan la persiana. Los veo leer, ver la TV, incluso hacer gimnasia. Siguen aparentemente igual, ahora me doy cuenta el agradecimiento que les debo, son hieráticos como los samurais, intemporales, las mismas rutinas que hace diez años, y transparentes, no tienen sótanos en su vida ni nada que ocultar. Son eternos, inmutables, lo que nos falta en esta azarosa época de cambios impredecibles.

Como diría Borges: "Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy".
(Evaristo Cienpozuelos)




19 marzo 2020

La Pandemia (1)



Hoy acaba el cuarto día de aislamiento, tras el avance de la epidemia provocada por el "maldito" virus, mas bien el "puto" virus. No me asusta la soledad, no me asusta morir, pero siento que algo ha cambiado. La narrativa social ha entrado en la Ciencia Ficción. Hemos visto películas y leído novelas sobre pandemias, pero como siempre,  únicamente como entretenimiento, para consumir y "emocionarnos" cuando al final la familia se reencuentra y tras las efusiones de rigor lloran al abuelo muerto, por la enfermedad.  Ya no oigo en las escaleras a los trabajadores sociales a ver si "el anciano no sale y le ha pasado algo", están atareados en que no se mueran en las residencias. 
Solo salgo a comprar, con mascarilla, así no tengo que afeitarme tanto y me muestro solidario, no acumulo papel higienico, aunque con mi estreñimiento tengo hasta el 2021. 
Sigo las recomendaciones, organizo mi tiempo, hago un leve ejercicio, el reloj de pulsera que me regalaron tras la jubilación me repite "muévete", cuento los pasos, veo las noticias, veo alguna película y leo y duermo mucho. El sueño es la única posibilidad de otra vida, no la "otra, otra" en la que no creo, sino una intermedia, como un avatar. 
Los discursos son constantemente tranquilizadores, lo que me pone muy nervioso y a determinadas horas hay aplausos y caceroladas como en una cárcel brasileña.
En realidad a mi no me ha cambiado mucho la vida, pero a los demás si, lo que me duele. Yo vivía un poco de la vida de los demás, y ahora esa vida ha desaparecido de la vista. El voyeur que hay en mi está sin alimento.
La pequeña seguridad que me daba la pensión, mis pequeños ahorros y mi aceptable salud ha desaparecido. El mundo esta globalizado y los problemas también. Qué nuevo problema se inventaran?, según Alfredo, mi amigo, esto es un virus que han soltado los americanos........al principio parecía que para hundir a los chinos, pero ellos han salido airosos, por ahora.
Recibo alguna llamada telefónica, Estas bien?. Si y tu?. Alfredo tras enviudar se encuentra mal solo, necesita "compartir" con alguien, o sea que le "hagan las cosas" y que le sostengan la cháchara. Siempre me cuenta lo que ha hecho en el dia, lo cuenta secuencialmente, por orden, lo que resulta el mejor remedio para el insomnio que conozco, se me olvidan los miedos, deseo ir a dormir y le agradezco el efecto pesado-sedante que provoca en mi.
Leo poco al ir a dormir, se me cansa la vista y no encuentro novelas refugio, que me metan en la historia y me saquen de la mía. Solo me queda prometerme que haré algo más de ejercicio al dia siguiente e imperceptiblemente casi me encuentro rezando al Niño Jesús. Me asombro de lo que consigue el miedo, la vejez y el futuro convertido en presente. Buenas Noches
(Evaristo Cienpozuelos)