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13 febrero 2011

El estado y la regulación


«Un Estado que quiera regular la vida de sus ciudadanos de principio a fin acabará inevitablemente en el totalitarismo. Uno de los principios básicos de la democracia es la separación entre lo privado y lo público. En la vida privada tengo derecho a hacer lo que quiera, siempre y cuando no perjudique a otros, mientras que en la vida pública estoy sometido a ciertas normas, porque en algún momento se decidió que unas reglas son mejores que otras y que éstas no pueden someterse a debate constantemente. Por supuesto hay casos ambiguos en los que resulta difícil determinar qué pertenece al ámbito privado y qué al público, pero lo mismo sucede con todas las oposiciones que atraviesa la vida social.»

El campo de concentración constituye en cierto sentido la quintaesencia del Estado totalitario. En él, el totalitarismo se manifiesta de la forma más clara y elocuente. Esas situaciones no despiertan lo mejor de las personas. «Sin embargo, quedó claro que, incluso en tales circunstancias, muchas personas seguían comportándose de una manera conmovedoramente moral y humana. No porque estuvieran obligadas a hacerlo, sino porque, al parecer, es inherente a nuestra naturaleza y forma parte de nuestra identidad humana. La madre que sigue ayudando a su hija aunque sabe que también a ella le puede pasar lo peor, o el hombre que comparte su pan, a pesar de estar a punto de desfallecer de hambre: esas personas no lo hacen porque piensen que deben comportarse como seres morales. Las reglas aprendidas desaparecen tras veinticuatro horas de hambre, frío y maltrato. En cambio, los motivos más profundos, que proceden de la identidad humana, son inextirpables. Esa identidad tiene siempre un carácter social. La conducta moral se deriva de la propia humanidad del hombre, del hecho de que hemos nacido como seres comunitarios.»

(Tzvetan Todorov)


31 enero 2011

El interregno


…Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la sub-definición y la sub-determinación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un "interregno".

Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: "La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos". 

Gramsci lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. 

Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, "lo viejo está muriendo". El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente "trinitario" de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre.

Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, "alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial").

… En nuestros tiempos, la gran pregunta no es "¿qué hace falta hacer?", sino "¿quién puede hacerlo?" En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el "espacio de flujos" libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al "espacio de lugares". El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose.

(Zygmunt Bauman)