...... No tengo la sensación de ser yo quien escribe libros, sino que estos son escritos a través de mí, y una vez que me traspasan me siento vacío y no queda nada...... Nunca tuve, ni tengo, la percepción de mi identidad personal. Me aparezco a mí mismo como el lugar en el que algo pasa, pero no hay un "yo". Cada uno de nosotros es una especie de encrucijada en la que suceden cosas. La encrucijada es totalmente pasiva: algo ocurre allí, y otra cosa, igualmente valida, en otro lado. No hay elección, es una cuestión de azar.
(Levi-Strauss)
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04 octubre 2009
La encrucijada
...... No tengo la sensación de ser yo quien escribe libros, sino que estos son escritos a través de mí, y una vez que me traspasan me siento vacío y no queda nada...... Nunca tuve, ni tengo, la percepción de mi identidad personal. Me aparezco a mí mismo como el lugar en el que algo pasa, pero no hay un "yo". Cada uno de nosotros es una especie de encrucijada en la que suceden cosas. La encrucijada es totalmente pasiva: algo ocurre allí, y otra cosa, igualmente valida, en otro lado. No hay elección, es una cuestión de azar.
(Levi-Strauss)
26 mayo 2009
Las caras del yo
Lo que llamamos yo no tiene ningún correlato en el cerebro, por lo que se ha supuesto que es una ficción más. Hay autores que dicen que su origen es de carácter social. Desde luego el concepto del yo se desarrolla tardíamente en el niño, el niño no nace con él.
Aparte de ello, existen distintas concepciones de ese yo según la cultura: hay un yo mas egocéntrico, occidental, cuando se le compara con otro yo mas social y colectivo en culturas orientales.
En otro orden de cosas sabemos que ese yo es divisible, no solo en enfermos en los que se les ha separado un hemisferio de otro cuando se pretendía impedir la propagación de un foco epiléptico, sino también en lo que se conoce como "doble o múltiple personalidad". Desde luego, no se puede decir que exista en el cerebro una estructura que sustente ese yo que, supuestamente, lo controla todo.
(Francisco J. Rubia)
20 mayo 2009
Bacon y los limites del yo
En esa búsqueda baconiana las formas sometidas a "una total distorsión" nunca pierden su carácter de organismos vivos, recuerdan siempre su existencia corporal, su carnalidad, siguen conservando su apariencia tridimensional. Y, además , ¡se parecen a sus modelos!. pero ¿como puede el retrato parecerse al modelo del que es conscientemente una distorsión?. Sin embargo lo prueban las fotos de las personas retratadas: el retrato se les parece; miren los trípticos, tres variaciones yuxtapuestas del retrato de la misma persona; estas variaciones difieren unas de otras y, no obstante, no dejan de tener algo en común a las tres: "ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto", el "yo" de un rostro.
Podría decirlo de otra manera, los retratos de Bacon cuestionan los limites del "yo". ¿Hasta que grado de distorsión un individuo sigue siendo él mismo?. ¿Durante cuanto tiempo sigue todavía reconocible el rostro de alguien amado que va alejándose de nosotros por enfermedad, locura, odio o muerte?. ¿Donde queda la frontera tras la cual un "yo" deja de ser un "yo"?
(Milan Kundera)
15 abril 2009
La serenidad del yo singular
En los peores momentos, en la peor ciudad, si conseguía una habitación pequeña, si podía cerrar la puerta de esa habitación pequeña y estar solo en ella con la vieja cómoda, la cama, la cortinilla rota, empezaba a embargarme una sensación agradable; la serenidad del yo singular. No tenia problemas conmigo mismo, sino con los lugares de ahí fuera, con esas caras de ahí fuera, con las vidas desperdiciadas y destrozadas: la gente que se conforma con la solución más barata y más fácil. Entre la Iglesia y el Estado, la estructura familiar; se consumían vivos entre nuestros sistemas de ocio y educación, entre las ocho horas de trabajo y el sistema de créditos. Cerrar la puerta de una habitación pequeña o pasarme noche y día sentado en un bar era mi forma de decir que no a todo eso.
(Charles Bukowski)
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