25 septiembre 2026

El amor es dar aquello que falta

(Luciano Lutereau)

"En una de mis películas favoritas, Escenas de la vida conyugal, de Ingmar Bergman, un matrimonio está sentado en un sofá un día de mucho calor, están agotados por la crisis que atraviesan como pareja. Entonces ella dice: “¿Por qué no podemos ser como nuestros padres? ¿Por qué no podemos dedicarnos a comer y volvernos viejos?”.

"El problema de mi generación de varones y mujeres es que ya no queremos envejecer ni engordar. Hicimos del amor nuestro Dios, pero Eros es un Dios caprichoso. Le pedimos demasiadas cosas. Así fue que se cansó de nosotros.Y nos abandonó."

"Dan lo (poco) que tienen, cuando el amor es dar aquello que falta. Quien da lo que (le) sobra, no ama; que solo ama quien da lo que (le) falta es obvio si pensamos en que, en última instancia, quien ama se da a sí mismo o, como dice la canción de Sui Generis: “No pido nada a cambio de darte, lo poco que tengo, mi vida y mis sueños”.

"¿Qué es la histeria femenina? Para decirlo con simpleza, es histérica toda mujer que no quiere aquello que desea. Así es que, por ejemplo, puede ser que prefiera tentarse antes que disfrutar, tal vez llegue a privarse, lo cierto es que su posición se caracteriza por decirle que no a la satisfacción sin más, ya que no puede aceptarla sin vivir con la fantasía de que se la está usando, de que –para el caso– eso beneficia más al otro que a ella. Por lo tanto, mejor decir que no, para que el otro demuestre hasta qué punto está dispuesto a sacrificarse o, tal como cuentan algunas mujeres que escucharon decir a sus madres y/o abuelas, “si le decís que sí a un varón, después se va” o “tenés que hacerte respetar (o desear)”.

(Luciano Lutereau)

23 septiembre 2026

Los manicomios son los museos del alma

 

(Stanislaw Lem)
Los manicomios siempre han destilado el espíritu de la época. Todas las deformaciones, las jorobas psíquicas y las excentricidades están tan diluidas en la sociedad que resulta dificil percibirlas, pero aquí, concentradas, revelan claramente el rostro de los tiempos que vivimos. Los manicomios son los museos del alma.

(Stanislaw Lem)

21 septiembre 2026

La unica alternativa es fracasar de nuevo, pero mejor la proxima vez

(Samuel Beckett)

La vida es una catastrofe desde el nacimiento y el aislamiento es un elemento inevitable de la condicion humana.
La salvacion, incluso aunque nos la han prometido, no llegara jamas; ni el conocimiento de uno mismo.
Sea lo que sea que uno emprenda va a fracasar y la unica alternativa es fracasar de nuevo, pero mejor la proxima vez. (Samuel Beckett)
«No se, nunca sabre, en el silencio no sabes, tienes que seguir adelante, no puedo seguir adelante, seguir, adelante»
(Samuel Beckett)




17 septiembre 2026

El amor es el gran revelador




(Claire-Louise Bennett)

Lo que debería estar en el centro de la experiencia amorosa es la diferencia, el azar, y el riesgo, elementos que hoy, en un mundo dominado por las citas mediadas por aplicaciones, son prácticamente imposibles. El mundo de hoy nos anima a pensar en términos de compatibilidad. Buscamos a alguien que encaje con nosotros, que reafirme quienes ya somos. Esa manera tan consciente de abordar las relaciones puede resultar bastante transaccional, algo parecido a ir de compras, porque nos obliga a definir de antemano qué buscamos en una pareja, qué esperamos de una relación y cuáles son nuestros límites. Y el amor es todo lo contrario. El amor es el gran revelador.

El amor nos revela quiénes somos de verdad. Nos muestra cosas sobre nosotros mismos que jamás nos habíamos atrevido a imaginar, y mucho menos a admitir. Por eso la atracción que nace en la vida real tiene una fuerza tan enorme y, al mismo tiempo, resulta tan perturbadora. A Anaïs Nin le aterrorizaba la idea de quedar fijada en una personalidad estable y definida. Quería fluir, estar siempre transformándose, y, para ella, el amor era lo que hacía posible esa especie de movimiento perpetuo, esa expansión existencial. Sus relatos y sus novelas muestran, de hecho, cómo los encuentros íntimos pueden desarraigarte, poner tu mundo del revés, llevarte muy lejos de quien sea que creas que eres en ese momento. Lo que hoy podría despacharse como simple romanticismo es, en realidad, lo que hace del amor una experiencia profundamente singular. Al fin y al cabo, es la fuerza más poderosa que existe, siempre que uno tenga el valor de no intentar administrarla ni dirigirla.

Samuel Beckett decía que la tarea del artista no consiste en aclarar las cosas, sino en encontrar una forma de dar cabida al desorden.

Mi escritura sigue un camino roto, lleno de falsos comienzos, callejones sin salida y parajes invadidos por la maleza. Y, de vez en cuando, aparecen pequeños claros donde hay una sensación de tregua, de inmediatez y de comunión. La cosa es que no escribo para afirmar nada. Escribo negando, subvirtiendo, socavando. Y es así porque, aunque necesitamos depositar cierta fe en la realidad para poder seguir viviendo, en el fondo no creo que eso que llamamos realidad exista. 

(Claire-Louise Bennet)

03 septiembre 2026

La poesia Avanza

 

(Pablo Garcia Casado)

La poesía avanza cuando conquista territorios. Cuando abdica del miedo y del confort. Cuando asume que su epidermis debe ser porosa, que debe mancharse y poner en crisis los discursos y desdibujar las fronteras. Cuando no acepta paternidades, filiaciones o atajos ventajistas. Avanzar en poesía significa comprender el hecho cultural como algo arbóreo, plural, desestructurado. Aceptar el desorden como naturaleza, para mirar otra vez las cosas, como decía Kerouac, como si fuera la primera vez.

(Pablo Garcia Casado)

19 junio 2026

Bob Dylan, lo mejor y lo peor de tener 80 años

 

(Bob Dylan)

Lo mejor

Lo mejor de tener 80 años es que sobrevives a los relojes que te han estado persiguiendo. Es liberarte de esa mentira de que alguna vez tuviste todo bajo control. Ya no corres detrás del desfile. Eres un viejo rey de algún país desaparecido. Eres más difícil de programar. No tienes prisa por convertirte en nada y no te persiguen las cosas que hiciste. Lo que te persigue es lo poco que realmente importó de la forma en que creías que lo haría.

Lo peor

Lo peor de tener 80 años es que sigues queriendo decir que sí a todo, pero el mundo sigue su curso sin preguntarte. El viejo fuego de tu corazón sigue diciéndote que hagas esto y aquello, pero tu cuerpo te dice que ya lo hemos hecho. Además, nada te sorprende. Suena a lujo, pero no lo es, y además te has quedado sin ilusiones. La gente te trata como si hubieras resuelto algo o como si hubieras perdido algo, y no es así. Ves cómo la vida se repite por todas partes.

Lo que de verdad es lo peor de tener 80 años es que te das cuenta, por fin, de que has entendido algo que podría haberlo cambiado todo en el pasado, si hubiera llegado en un momento en el que aún se pudiera cambiar algo. Cuando eres joven, crees que el tiempo avanza. A los 80 sabes que no es así; se queda quieto. Somos nosotros los que nos movemos.

14 junio 2026

La adolescencia y la mediana edad: Somos aquellos que otros ven

(Silvia Herreros de Tejada)


Las redes sociales han terminado de pulimentar ese suelo descargando sobre quienes participan de ellas una ideología asentada en una juventud atemporal, carente de responsabilidades, con una ética marcada por lo quebradizo, un lenguaje estrecho, poco abundante y una vida determinada por la imagen que proyectamos hacia el exterior. Somos aquellos que otros ven.

¿Qué es la juventud?

La juventud es una etapa biográfica y un mito cultural. También un deseo que tenemos y, por lo tanto, una performance a la que nos arrastra ese deseo. Para mí, también es un mundo paralelo donde uno se imagina que fue feliz y quizá no lo fue tanto. Esto me lleva a pensar, a reflexionar, que la juventud también puede llegar a ser una ficción.

Para mí sería eso: la juventud es una ficción. Es una etapa de la vida, obviamente, pero se ha convertido en una ficción tal que en el ensayo hablo de mí en el presente y luego hay una parte novelada, mi yo joven, que es una chica que se llama X. 
Recuerdo mi juventud como una novela y la recuerdo, probablemente, idealizada. La recuerdo como una novela ligera y me he intentado agarrar a esa ligereza. Este libro ha sido poner los pies en la tierra, ordenar cierto caos vital a través de ese planteamiento de orden alfabético que hago en el ensayo.

"La adolescencia parece adormecerse para tiempo después despertar bajo otras formas y recordarnos que crecer quizá no sea un acto conclusivo. La juventud que se inventó como ruptura regresa como promesa fantasmática de reinvención en la vida adulta". 

¿Somos puro mito o un reflejo en el espejo?

Hay muchos sociólogos y psicólogos que dicen que la adolescencia es un campo de prácticas de la mediana edad, y que, en la mediana edad, vuelve una especie de adolescencia que se debe a los cambios hormonales que se producen en ambos momentos vitales porque, además, son dos etapas en las que se cuestiona especialmente la identidad. 
En la adolescencia, la pregunta existencial es "quién soy" y "quien quiero ser". En la mediana edad te planteas "quien estoy siendo", si aún estoy a tiempo de cambiar de vida o de ser otra persona. Por eso suceden los clichés de las crisis de mediana edad.

Además, tanto en la adolescencia como en la mediana edad se viven unos duelos que no queremos mirar a veces de mayores. Los duelos de la adolescencia: pierdes a los padres de la infancia, dejas de idealizarlos, tienes cambios corporales, esa monstruosidad que, de repente, nos alcanza. Crecer es una pérdida: se pierde la inocencia infantil. 
En la mediana edad adolescente que vivimos, de repente, tenemos que cuidar a hijos y padres, perdemos a los padres también y el cuerpo cambia. En mi caso, además, con un cáncer de mama,una mastectomía, una quimioterapia, es volver a esa monstruosidad, pero, aunque no hubiese pasado por la enfermedad, ya estamos cambiando físicamente.

Esos cambios provocan un limbo febril, una especie de euforia desconocida, con ganas de hacer todo, con un anhelo desbordante "tengo que salir más que nunca" o, de repente, toda esta gente que se pone a follar como loca, en el caso de que esto sea verdad. Estoy investigando mucho las apps de infidelidades, una enferma tiene mucho tiempo para hacer muchas cosas. Y todo esto se debe a que parte de las crisis de la mediana edad nos lleva a considerar que nuestro cuerpo está infrautilizado. Todo es muy absurdo.

Has dedicado buena parte de tu trayectoria académica y literaria al análisis y estudio de Peter Pan, personaje creado por James Matthew Barrie. En esta obra hay una serie de variables que guardan relación directa con las distintas ramificaciones que la categoría juventud despliega tanto en lo simbólico como en lo físico, la distorsión de la realidad, el mito que todo devora, la infancia como lugar del que no se quiere salir, la pérdida de la inocencia.
En un tiempo como el actual, especialmente obsesionado con la juventud y su agenda, si me permites el término, si la juventud se impone

¿Quién pierde?

Pierden las personas mayores. Pierden los que de alguna manera deciden no ser (siempre) jóvenes, aquellos que no performan esa juventud. 
Parece que estamos obligados, además de todo, a performar la juventud: si no lo haces, eres una especie de fracasado, un dejado, alguien que no se integra en lo que ahora se lleva, que no mola, que no es guay.

Juvencolía (Debate, 2026) es un ensayo que, a partir de la biografía personal, te permite construir un retrato contemporáneo de la juventud.

La tesis de la que quería partir era que, mientras que el siglo XIX es la centuria en la que se inventa la infancia y la literatura infantil, el siglo XX es el gran siglo de la juventud: el rock and roll, los hippies, los beats, toda esa contracultura. De repente, la juventud se presenta como sinónimo de ser auténtico,de ser libre,una especie de verdadero yo. Por lo tanto, entramos en el siglo XXI acarreando ese mito que, por primera vez en nuestra generación, nos obliga a sentirnos jóvenes cuando ya no lo somos biográficamente, sino que nos hemos convertido en una generación que performa mucho la juventud. Me refiero, por lo tanto, a una juventud performativa.

Esta era la tesis. Debate me contrata, por lo tanto, para escribir un ensayo sobre la juventud como mito cultural y sobre la invención de la juventud en el siglo XX, para hablar sobre cómo la infancia fue el relato cultural del XIX, la juventud del XX y el XXI es el siglo de la edad mediana. Iba a ser un ensayo teórico. Y yo estaba muy contenta con ese libro: pensaba, bueno, ya he llegado a un lugar concreto, de cierta firmeza, se me ha contratado un libro antes de escribirlo, después de toda mi trayectoria corriendo tras Peter Pan, estudiándolo, investigándolo. Y, ostras, de repente, vino el cáncer.

Me enfadé mucho con la enfermedad, sentí como si estuviese fracasando por enfermar, como si fallara. Esto es muy fuerte, sentía que había fallado a la sociedad, consideré que, al enfermar, estaba fallando, fíjate hasta qué punto llega el asunto. Entonces, me di cuenta de que toda esa energía y vitalidad con la que vivía eran una energía y vitalidad que estaban performadas. 
Yo parecía una mujer invencible, me sentía de esa manera. He estudiado durante veinte años la juventud, es algo que obviamente me importa y quizá algo se queda, echa raíces y contamina. Entonces pensé: ¿cómo puede ser que me sienta fracasada? Al ver que me decía «estoy fallando a mi identidad, a lo que me impongo», pensé en reflexionar sobre qué sucede en la sociedad, en torno a la juventud y sus variables y  representaciones, para que me sienta de esa manera.

La midorexia, ¿no? Los clichés de la mediana edad…

La midorexia, exacto. Como ya no podemos parecer jóvenes —porque obviamente  ya no lo parecemos, porque no lo somos, tengo cincuenta años—, acuñé este término que había leído en algún suplemento: midorexia, es decir, tener un aspecto de edad indeterminada de medianada. Puedes tener cuarenta, cincuenta, a lo mejor cuarenta y cinco, pero si te echan cuarenta, por supuesto, mucho mejor, ¿no? Y estamos jugando a eso.

Creo que nunca ha habido ninguna generación que haya intentado prolongar la juventud tanto como la nuestra. Somos los primeros. Los hijos de los noventa. Esa década nos hizo mucho daño. Decía el psicólogo Dan Kiley, que a mí me interesa mucho por la terminología de Peter Pan, que la sociedad actual está llena de chicos y chicas perdidos al borde del precipicio adulto. Y no sabemos muy bien cómo gestionar la madurez.

Es un capítulo con los clichés de la mediana edad. Cuando tienes ciertos clichés y de repente te das cuenta de que tú te has convertido en un cliché. 

Hago una lista: por ejemplo, tener una agenda imposible , nunca se puede quedar contigo de repente, ya no hay tiempo. O hablo de lo que cuesta disimular la presbicia. 

Luego a mí me pasa, con la mediana edad, que no suelto el bolso porque pienso que me lo pueden robar. Esto es muy de madre. Y te escuchas diciendo frases que decían tus padres y pensabas "qué pereza de gente", y de repente estás diciendo lo mismo.

Y más cosas: mirarte en el espejo y pensar "estoy igual que cuando era joven", ponerte la misma ropa que hace veinticinco años y estar todo el rato queriendo que te digan que estás estupenda.

Llega un momento en que vivimos en esa midorexia, jóvenes no podemos parecer, pero queremos parecer de una mediana edad indeterminada. En esa edad indeterminada irrumpen los imperativos estéticos, entra el bótox, la obsesión por el crossfit.

Hago una clasificación de crisis de mediana edad. La crisis Peter Pan 2.0: antes se asociaba mucho a los hombres ,coche descapotable, amante joven y tal; ahora también estamos las mujeres aquí, suspendidas en ese vacío. La crisis mujeres que corren con los lobos: mujeres que de repente se ponen a correr, maratones, medias, viajes para hacer maratones; lo que quieren es echar a correr de sus vidas, a donde sea, con lobos o sin ellos. Y la crisis Love Story, esta es la mía: la llamé así por la película en la que Ali MacGraw era una enferma de cáncer perfecta, preciosa, que además redimía al hombre. Ella decía "amar es no decir nunca lo siento"
Pensé, claro, el símbolo de la mujer enferma que además tiene que ser un ejemplo de integridad, una lección para los demás y para ella misma.

Ese gestionar la madurez que comentabas antes me permite preguntarte por Garfio. En el ensayo escribes que este personaje no solo es el enemigo de Peter Pan, sino que es su doble invertido,
 "el adulto atrapado en la rigidez del tiempo". Vivimos atrapados, por lo tanto, en una construcción de la juventud que exige renuncias: una sociedad de tardeos y comportamientos vergonzosos en redes, simulacros y mímesis que ocultan las vidas reales que hay que atender. Jugamos a ser otros, esos dobles invertidos donde nadie asume responsabilidades.

Tenemos un comportamiento altamente juvencólico. Esta cosa del tardeo, seguir saliendo para sentir que estás vivo, que te pasan cosas todavía, habría que valorar qué cosas nos pasan, ¿no?. Los diversos tipos de crisis que te he comentado antes, que atraviesan la mediana edad. Antes era un cliché masculino, se ha ido transformando hasta llegar a nosotras, alcanzarnos. Esto también debería hacernos pensar. Parar y pensar.
Llega un momento en que ya no mola mostrar comportamientos en público, en el trabajo, que no te corresponden por edad.

Yo misma me he sentido en la mediana edad como ese limbo febril que te decía, lo cuento y narro, de no querer renunciar a mi yo joven, agarrarme a eso, seguir saliendo de copas y vestirme como si siguiera siendo joven. Mantenía una melena larguísima,como van las niñas de dieciocho, agarrándome ahí. Aunque sea madre y tenga pareja y pague un alquiler y tenga un montón de trabajo y responsabilidades. En realidad, me ha dado todo un poco igual. ¿Sabes por qué?

Porque me pensaba joven. Vivía con esa ligereza. 

Me parece interesante cómo defino a Garfio porque lo hemos contado siempre mal. También hemos contado mal la vida adulta. Barrie define a Garfio como un hombre melancólico: con el pelo largo, rizado como cirios negros; de un carácter fundamentalmente melancólico. ¿Y qué es Peter Pan? Un niño que lucha contra su yo adulto porque no quiere crecer. Es esta eterna persecución de no poder soportar al joven porque es ver que tú ya no estás ahí.

A mí, aparte por mi narrativa personal con Barrie y Peter Pan, me atraviesa físicamente: tengo aquí tatuado Garfio, y Garfio además es un hombre amputado como yo, que me convertí en una mujer amputada. De hecho, una enfermera en el hospital me dijo: "Mira, tienes tatuado Garfio, fíjate qué profecía, ¿no?". Quién iba a 
decir que justo además te iban a amputar el pecho derecho.

Garfio tiene una dignidad brutal. He leído mucho a Peter Pan desde muchos lugares y Garfio tiene una vida propia que Peter Pan no tiene. El propio Barrie llegó un momento en que afirmó haberse convertido en Peter Pan cuando empezó a escribir con la mano izquierda porque tuvo un bloqueo de escritor. En ese instante escribió que la adultez es convertirse en Garfio. A él le parecía oscuro. Pero Garfio es un personaje con mucha dignidad. Llega un momento en que se lanza a las fauces del cocodrilo,"qué imagen tan maravillosa, qué símbolo del tiempo, el reloj que va persiguiéndole". Garfio se lanza a las fauces del cocodrilo y se deja vencer por el tiempo. Eso tiene mucha elegancia, belleza y dignidad.

Por eso me gusta que hayas dicho que este libro es una toma de tierra por la aparición de la enfermedad, ese salir del país de las hadas y poner los pies en el suelo. Perdí el control, en realidad. Cuando me dijeron que tenía cáncer pensé que era imposible porque era joven. 

En el capítulo que titulas «Adultiscencia» explicas cómo hemos llegado a este punto. 

¿Por qué es peligroso quedarse en una edad simbólica?
 ¿Y cómo enlaza esto con el carpe diem?

En «Adultiscencia» voy explicando cómo hemos llegado aquí: todas las renuncias, y el peligro, que se hacen cuando te quedas en una edad muy concreta cuando ya no tienes esa edad y te anclas, en realidad, a un terreno exclusivamente simbólico. Hablo del carpe diem, que te exige no tener responsabilidad sobre nada y que está causando, más allá de desastres y accidentes individuales, grandes catástrofes colectivas. Vivimos como si la acción en el otro no tuviera ningún tipo de recorrido porque, total, sigo siendo medio adolescente y medio joven.

Hay un instante en el que percibes, creo que ya lo hemos comentado, que ya no mola ni te posiciona contar, al llegar al trabajo, que anoche saliste hasta las tantas, que tienes una resaca horrible. En realidad, estás en casa, con resaca y con un niño pequeño al lado. Y lo miras y te sientes una mierda. Ese niño es un espejo para nosotros. La infancia es un espejo que nos está cuestionando y el reflejo que nos devuelve es bastante crudo.

Últimamente pienso mucho sobre ese reemplazo de adultos por niños en una sociedad que penaliza la presencia de la infancia, pero no el comportamiento infantil del adulto. Quienes tenemos hijos e hijas
sabemos de su radical importancia, de cómo te hacen ir más allá de uno mismo.

¿Cómo hemos llegado a este contexto social?
¿Es posible salir de aquí?

Yo fui madre mayor, con cuarenta y dos. Prolongué mi juventud todo lo posible y la performé mucho en el escaparate de las redes, como venimos hablando. Y es horrible lo que pasa: estás con tu hijo y estás mirando Instagram a ver cuánta gente ha mirado un puto story. ¿Qué pasa con el mundo real, con el niño que está aquí? 

¿En qué momento me he vuelto tan gilipollas que estoy viendo si alguien me dice que estoy guapa, si lo ha visto no sé quién, si lo ha visto un ex para que se joda?

Nos están empujando al escaparate de la mímesis y la performatividad y hace que no prestemos atención a lo presencial y físico.

Un niño te recuerda constantemente que tienes responsabilidades no solo con él, sino con la sociedad. En psicología evolutiva se dice que en la medianada lo que uno tiene que aprender es a cuidar a otro y olvidarse de sí mismo. 

¿Qué estamos haciendo en el siglo XXI?

Centrarnos cada vez más en nosotros mismos en la medianada y desplazar al otro, al que tenemos que cuidar. La generatividad y el cuidado, según todos los psicólogos evolutivos del siglo XX, es nuestra misión primordial en la mediana edad. 
Y no lo estamos haciendo. Nos estamos mirando demasiado en el espejo. Nos hemos convertido en una reina de Blancanieves.

(Silvia Herreros de Tejada: Entrevista en Jot Down)