03 mayo 2026

El silencio, el ayuno digital y el aburrimiento.

(Byung-Chul Han)

El agotamiento de la sociedad moderna no nace de las imposiciones externas, sino de una autoexplotación invisible. La necesidad de productividad constante ha eliminado los espacios de calma y descanso, convirtiendo la vida en un ciclo de rendimiento infinito. De esta forma, la ausencia de ruido deja de ser un vacío para pasar a ser una herramienta de resistencia.

La búsqueda de la excelencia individual, entendida como necesidad de mejorar genera una presión constante que se identifica como el motor del cansancio contemporáneo.

Ante la velocidad del mundo digital y la exposición permanente, el silencio surge como la vía para recuperar la autonomía sobre el propio tiempo. 

El silencio funciona como la única manera de decir no a la exigencia de ser una persona siempre mejor y productiva.

El silencio no es una carencia de contenido, sino una forma de desobediencia frente a la autoexplotación que nos obliga a estar siempre disponibles y visibles.

La filosofía contemporánea advierte que el valor del ser humano se ha desplazado del «ser» al «hacer». Si no producimos o no mostramos nuestra vida en las plataformas digitales parece que dejamos de existir. Esta dinámica, basada en la premisa de ser vistos para ser reconocidos, alimenta un ruido perpetuo que impide la reflexión profunda.

Esta situación guarda una relación directa con fenómenos modernos como el burnout o desgaste profesional. La psicología identifica esta tendencia como una autoexigencia desadaptativa, donde la persona busca metas que exceden sus necesidades reales. Al eliminar el silencio, eliminamos también la capacidad de procesar nuestras experiencias, quedando atrapados en una rueda de hámster de tareas y opiniones inmediatas que no permiten el reposo cognitivo.

Una de las herramientas más efectivas para combatir el burnout es el ayuno digital, una práctica que consiste en desconectar de forma total cualquier dispositivo electrónico durante periodos específicos del día. Esta técnica permite que el cerebro descanse de la sobreestimulación de las pantallas.

Al eliminar las notificaciones, la persona recupera, poco a poco, la capacidad de concentración que la tecnología fragmenta de manera constante.

Otra opción para fomentar el silencio es el establecimiento de zonas blancas en casa. Se trata de estancias o rincones específicos donde el uso del teléfono móvil o el ordenador queda estrictamente prohibido. La creación de estos espacios fisicos en el hogar ayuda a que la mente asocie ciertos entornos con la relajación profunda y la reflexión, lejos del ruido que genera la productividad infinita que critica el filósofo.

Finalmente, muchos psicólogos suelen recomendar la técnica del aburrimiento, ya que funciona como un catalizador de la creatividad. En lugar de rellenar cada segundo de espera con el móvil, permitir que el tedio aparezca obliga al individuo a enfrentarse a sus propios pensamientos e incluso fomenta la creatividad, al permitir que la persona encuentre soluciones originales a problemas cotidianos.

(Byun-Chul Han)

24 abril 2026

La IA y la España vaciada

 

Alfredo, con sus medias palabras habituales, me ha estado contando los rumores que corren en el Centro de la tercera edad. Hasta ahora siempre se referian al cambio de personas que lo llevaban. Que si la camarera era amable, que si el cafe habia subido 10 cts. ¡A donde vamos a llegar! y que si hay que lavarse las manos antes de jugar al guiñote, que las cartas se ponen "pringosas" y las renuevan muy de tarde en tarde.

Ahora no me ha hablado de eso. He creido entender que iban a implantar metodos de IA, no creo que se refiera a aprender a leer, todos hemos ido a la escuela y mal que bien, sin gafas de cerca imposible, sabemos. Parece que quiere decir Inteligencia artificial. Ya era hora, menos mal que se han dado cuenta que en el pueblo, salvo contar cartas en el guiñote y controlar los triunfos que han salido, la inteligencia va justita.

Pues tampoco, me lo ha dicho con palabras corrientes,  que he llegado a dudar de con quien estaba hablando. Que si iban a implementar sistemas de control humano y de movilidad, para optimizar de manera sostenible la actividad humana y evitar el ostracismo social asi como el aumento de gasto en servicios sociosanitarios debido al deficit individual de autogestion de la felicidad y el bienestar, no utilizando solo el feed-back de la dopamina como recompensa inmediatas y mejorar la tolerancia a la frustracion.

Como no he entendido nada y al ver mi cara de sorpresa, me lo ha intentado explicar. Parece que van a poner tornos de entrada y salida del centro de la tercera edad, asi controlan quien viene y quien se queda en casa. Despiden a la Asistente social y se ahorran un sueldo. Lo de la dopamina parece que se refiere a no beber tanto alcohol. 

Estan haciendo perfiles de como somos. Ya me han pasado la encuesta. Preguntas trampa de esas que solo tienen una respuesta para ver si mientes, o la misma pregunta de dos maneras diferentes para ver si coinciden.

Hay varias preguntas clave: ¿Le gusta estar solo?, hay que responder si, para entrar en mi espiritualidad interior cuando hago mindfulness. No dar toque cristiano que en el pueblo hay moros (Hay que ser inclusivo).

¿La familia que es para Vd?. Lo mas importante, el sosten de mi memoria historica, el anclaje de mis raices (No se si esto quedara muy pedante). Aunque la verdad es que no los veo nunca, pero esto no lo añado. 

Yo he leido que la IA va a quitar empleo. Pero parece ser que van a contratar animadores sociales, me parece que una, no llega para mas, ya que lo que las maquinas no pueden hacer es sustituir la "parte humana" de las personas. Aunque no se si van a poder sustituir los gritos del Fulgencio cuando pierde al guiñote, o la tacañeria del Higinio que nunca paga los cafes.

La animadora que viene es de mediana edad, parece que trabajaba en la compañia de variedades de Manolita Chen, baila y canta, y ha hecho el master en la UNED de Relaciones Sociales, autoestima y variedades. A ver que sucede. 

Bueno, hay que resistir, tendre que socializar algo mas. Alfredo me ha dicho un truco para mejorar, cuando te hablen mueve la cabeza, como aquellos perros bamboleantes que se llevaban en la parte trasera de los Seat, subiendo y bajando la cabeza. Evita poner los ojos en blanco que quiere decir que te vas a otro sitio y no atiendes. Que trabajoso es todo. Espero que no nos quiten la siesta.

(Evaristo Cienpozuelos)



10 abril 2026

Pensar o soñar por las noches es realidad virtual

(El Bosco: El Jardin de las Delicias)

"Detrás de la realidad hay otra cosa, es lo que se llama pensamiento. Me hace gracia cuando se habla de “realidad virtual” como si los seres humanos hubiéramos vivido alguna vez fuera de ella; pensar o soñar por las noches es realidad virtual. La filosofía se basa en la distinción entre fenómeno y cosa, el mundo de las ideas platónico. Ahora además estás jugando con la consola al tenis con un señor que no existe. Todo eso favorece que te des cuenta de cómo hemos vivido siempre. Freud, por ejemplo, decía que cuando una pareja discute en una habitación no hay dos personas, hay cuatro. Las dos personas reales y después la idea que cada uno de ellos tiene del otro, que es con la que está discutiendo."

(Entrevista con Fernando Savater)

01 marzo 2026

La verdad que el paciente no sabe que sabe

 

(Gabriel Rolón)


“Solo alguien que nunca se psicoanalizó se identifica con sus logros”

“El analista no comprende al paciente. Lo acompaña hasta el borde del abismo”.

"La escuela americana de psicologia ideó una psicoterapia que busca el bienestar. Los analistas freudianos renunciamos a eso para buscar la verdad que el paciente no sabe que sabe."

"Ser un ser humano ya es traumático. Uno no llega a la vida: cae en un mundo que no entiende. Convertirse en ser humano genera dolores que arman una matriz sobre la que se van a montar los dolores que vengan."

"A veces quien no encuentra un lugar en el mundo, halla uno como víctima. Es preferible a no ser nada, ¿no? Es similar a estar en una trinchera: un lugar horrible donde uno se siente protegido. El trabajo del analista es que esa persona intuya que hay lugares mejores para ella."

"El psicoanálisis abre la puerta a la confusión sin garantías.Quien te proponga la cura, te miente."

"La vida duele. Ser analista no tiene que ver con saber. Tiene que ver con sostener el lugar de desconocimiento. Abrir un espacio donde ni vos ni yo sabemos nada."

"El psicoanalista está en el territorio donde no se entienden las cosas. Todos llevamos dentro un Jekyll y un Hyde incapaces de entender cómo fuimos capaces de decir eso. Lo más importante en un relato es cuando el paciente duda. Por esos huecos nos metemos."

"Intentamos reparar donde podemos aquello que no podríamos reparar donde quisiéramos."

"Dante sitúa en el último anillo del infierno a los ingratos. Por debajo de los asesinos. El ingrato es un traidor. Cuando no estás a la altura con alguien que te ha tendido la mano, estás traicionando un acto de amor."

"No todos los amores merecen ser vividos. El amor, si no es condicional, es necesidad. Y la necesidad es patológica."

"El deseo es el motor de la vida. El deseo se opone a la fuerza destructiva que tenemos: nunca vamos a encontrar todo lo que queremos. Siempre vamos a ser seres deseantes. Ahora, el deseo ha de tener límites. Las normas están para que sepamos hasta dónde se puede llegar. Puedes desear algo que no te puedes comprar. Y no lo robas. Se complica cuando la vida te lleva a la ausencia de deseo. El deseo de nada es el deseo de muerte. El deseo otorga placeres. Unamuno diría placeres de juguetería, pero te alcanzan para vivir."

"El peor de los tormentos es querer ser alguien distinto al que se es. Lo escribió Kierkegaard. Nadie sabe quién es. Psicoanalizarse es adentrarse en esa búsqueda."

"La persona que amamos no es la que nos completa, sino la que nos permite tener una incompletud que no duele. Para que funcione hay que renunciar a esa demanda desmesurada de completud."

"Una de las cosas más difíciles de duelar no es la pérdida del otro, sino la pérdida del lugar que teníamos para el otro. Cuando te dejan de amar, dejas de ser único y pasas a ser del montón."

"La soledad nos separa de los otros y nos acerca a nosotros.
¿Solos estamos incompletos? Acompañados también. Es la maravillosa tragedia del ser humano. Si estuviéramos completos, ¿qué buscaríamos?"

"A veces uno elige no atosigarse con compañías nuevas hasta no estar a la altura de la situación. Otras es producto de hacerse el que quiere estar solo porque tiene miedo del rechazo. Estar con alguien es un desafío complicado. Hay personas que temen ese desafío y no están con nadie y otras que enmascaran el no estar con nadie estando con muchas, que es otra manera de no estar con nadie."

"Esta época invita a la frustración permanente porque no sostiene los logros. Te esforzaste por tener un auto y a los tres meses te dicen que es viejo. Hay que desarrollar una inteligencia para quedarse con el placer de lo logrado. Parte de alcanzar cierta sanidad es poder darle a lo logrado un tiempo a nuestro lado. La felicidad no hay que encontrarla dentro de uno. Hay que construirla. No es una búsqueda del tesoro."
(Gabriel Rolón: Entrevista)

23 febrero 2026

La biografia se ha vuelto superflua


(Ya no quedan vidas que narrar. Ilustracion de Pablo Amargo)

Antropológicamente, nos encontramos en la transición de un individuo que buscaba sentido en su interior —en la culpa o en la terapia— a otro definido desde fuera, a partir de datos. Si la ciencia del siglo XX intentó «curarnos» del vacío del alma con diagnósticos, el algoritmo del siglo XXI intenta «taponar» ese vacío con estímulos infinitos.

La biografía se ha vuelto superflua. No porque hayan desaparecido las experiencias ni porque el mundo se haya vuelto trivial, sino porque muchas vidas ya no necesitan organizarse como relato para funcionar. Durante siglos, narrarse fue una forma de orientación. El relato biográfico no era un adorno, sino una tecnología básica de supervivencia simbólica. Permitía sostener la ilusión de una trayectoria propia en un mundo incierto. Hoy, el relato estorba porque la eficiencia requiere datos, no historias.

Gran parte de nuestra vida hoy no necesita coherencia interna; se mantiene a flote gracias a procesos automáticos que gestionan lo básico. No es que hayamos perdido la capacidad de definir quiénes somos, sino que esa tarea nos parece un esfuerzo inútil. Hemos pasado de las identidades heredadas —aquellas etiquetas fijas de familia, clase o nación que cargábamos de por vida— a una identidad administrada, que descargamos y desechamos con la misma ligereza que una aplicación en el móvil.

Por primera vez, convivimos con una entidad que fabrica una «verdad» sobre nosotros sin haber vivido un solo segundo de nuestra realidad; es puro cálculo: no tiene biografía, no conoce la culpa ni arrastra contradicciones. No interpreta lo que sentimos; simplemente conecta puntos de datos desde fuera. Su poder no viene de comprendernos, sino de una vigilancia masiva que funciona. No solo nos dice qué desear, sino que nos suministra la identidad adecuada para ese deseo. No es que nos haya dejado vacíos, es que nos ha educado para que cada mañana elijamos el perfil que él ya ha predicho que vamos a consumir. Estamos asistiendo a una forma nueva de «atrofia de la agencia»: la pérdida real del control.

Hubo un tiempo en que los humanos no necesitaban narrarse: el sentido estaba garantizado desde fuera. Antes de que la vida exigiera un relato interior, bastaba con habitar un orden superior: Dios proveería. Pero con la institucionalización de la confesión —y más tarde con la moral moderna— aprendimos a contarnos para orientarnos, para justificarnos, para ser alguien. El relato personal fue una tecnología intermedia: nació cuando el sentido dejó de estar asegurado y el sujeto tuvo que producirlo por sí mismo.

Sin embargo, no debemos idealizar esa etapa. Michel Foucault ya nos advirtió de que esa «autenticidad» o «carácter» adquirido es, en realidad, otra trampa disciplinaria. Para él, narrarse no era «descubrir» una verdad oculta, sino fabricar un yo dócil que encajara en las expectativas sociales. Narrarse era, también, una forma de sujeción.

Pero lo que ocurre ahora supone un salto peculiar. Hemos vuelto a dejarnos caer en un nuevo orden. Pero hay una diferencia abismal entre este narrador y el nuevo Capataz Digital. Si con Foucault nos fabricábamos a nosotros mismos para el sistema, ahora el sistema nos fabrica a nosotros sin nuestra participación.

Cuando delegamos nuestra vida en este nuevo «otro», no estamos regresando a la confianza religiosa, sino cayendo en una eficiencia corporativa. El algoritmo no quiere salvarnos, quiere predecirnos. Y para que la predicción sea perfecta, el ser humano debe dejar de ser impredecible; es decir, debe prescindir del libre albedrío.

No dejamos de vivir; dejamos de sentir que lo que vivimos depende de nosotros. Eso es una existencia gestionada. Renunciar a la tarea de narrarnos no nos conduce a un retorno al espíritu; al contrario, a la red le cuesta procesar personas espirituales. Sin embargo, no son irreducibles: venderá tu «autenticidad espiritual» como un perfil más, convirtiendo el alma en un «desvío ilusorio» dentro de su perímetro calculado.

La providencia divina exigía fe, pero otorgaba un propósito moral; el sufrimiento tenía un «para qué», había un sentimiento de un plan bondadoso. La asistencia algorítmica no ofrece sentido, solo ofrece función.

No nos han robado el alma. El problema es más radical: para funcionar con eficacia, el entramado técnico necesita sujetos desalmados, cascarones biológicos vacíos. Para prosperar en un mundo de máquinas y algoritmos, tener alma puede convertirse en una desventaja evolutiva, mientras que carecer de ella sea, precisamente, la adaptación perfecta.

El «otro» no nos ordena, no nos persuade, no nos amenaza. Simplemente anticipa. Evita el conflicto de elegir, el desgaste de dudar. Pero al eliminar el conflicto, nos elimina como autores. Sin la fricción de la duda, sin el riesgo del error propio, la voluntad se atrofia y no produce tragedias épicas, sino ansiedad difusa, apatía, una sensación persistente de estar presentes sin ser protagonistas.

Al soltar el relato no caemos en la terrorífica realidad desnuda como antaño, sino en una red de asistencia invisible. El vacío que tanto temíamos no ha quedado expuesto: ha sido tapizado. Y, sin embargo, bajo ese tapiz suave, la ansiedad crece. ¿Por qué sentimos esta inquietud si todo funciona tan bien? Porque la ansiedad no es un fallo de la estructura, sino el efecto secundario de que funcione demasiado bien. Te ha borrado a ti de la ecuación. Nadie está contigo. Estás solo y ansioso.

Aquí está la trampa final: la indefensión aprendida. Hemos aceptado que nada de lo que hagamos cambiará un futuro que ya está escrito en el código. Y cuando esa angustia se vuelve insoportable, el sistema no nos devuelve el control, nos da química. Los antidepresivos no están ahí para curarte, sino para que tu cerebro siga siendo compatible con el entorno; son el lubricante necesario para que el cuerpo aguante horas de estimulación digital —la auténtica droga— sin romperse. La realidad es que nos estamos convirtiendo en una especie que necesita asistencia farmacológica para que su cerebro analógico no colapse en un entorno digital.

Para no perder el control del perfil, el algoritmo nos concede incluso la ilusión del desvío. Puede ofrecernos ser otros, explorar una diferencia, pero siempre dentro de un perímetro calculado. Lo que se nos ofrece no es una apertura real hacia lo que podríamos llegar a ser, sino una variación segura de lo que ya somos. No hemos cambiado la opresión por la libertad, sino la responsabilidad por la asistencia.

El precio de esa asistencia es otro tipo de humanidad.

Tal vez el Capataz Digital sea la siguiente respuesta evolutiva a una fractura que Freud ya intuyó: el inconsciente no conoce la muerte ni el tiempo, se cree inmortal; pero el yo consciente sí procesa la finitud, y esa brecha, que no es accidental sino estructural, genera una angustia que solo «otro» puede tapar.

Dios, el carácter, el algoritmo: siempre dependeremos de algún «soporte», pero la forma y la naturaleza de esa dependencia mutan radicalmente con cada época.


21 febrero 2026

La Paridad mental y la mente colmena

 

(Lionel Shriver)

"Vuelve a ser 2011. Pero es un 2011 ligeramente distinto. Uno en el que la sociedad mundial ha abrazado la Paridad Mental. ¿Que en qué consiste la Paridad Mental? En que nadie pueda ser considerado tonto y, por supuesto, ninguno de sus sinónimos. Así, en las escuelas no importa que des respuestas absurdas a cualquier pregunta sencilla, porque “es otra forma de verlo, ¡por supuesto!”, y ningún tipo de mérito te hará merecedor del puesto de trabajo que deseas porque “durante mucho tiempo se ha discriminado a los que no saben nada” y ellos “lo merecen igual que tú”. 

"El porvenir en 2011 es entrar en un hospital para una operación sencilla y, con suerte, salir con vida. Y que a nadie se le juzgue por casi haberte matado porque ese alguien —el doctor o la doctora— tiene derecho a no ser considerado un inepto."

 “Vivimos, como sociedad, rodeados de manías. En una neurosis colectiva. Nuestra mente colmena está eliminando el pensamiento crítico y seguimos modas de pensamiento único que, de repente, apagan todo lo demás y se vuelven algo parecido a la histeria. Una histeria que cambia de forma continuamente y que nos hace completamente maleables”

Sobre su ultima novela: "Y es cierto. En el centro hay dos amigas que piensan distinto. En realidad, hay una amiga con pensamiento crítico —Pearson, la protagonista, una mujer que fue una niña encerrada en una familia de testigos de Jehová y que sabe en qué consisten las normas autoimpuestas y en qué te convierten— y otra que simplemente quiere ser alguien importante, dejarse llevar por la corriente, convertirse en su mejor portavoz. Su nombre es Emory. Y no respeta otra cosa que su propio narcisismo. “En los últimos años he perdido muchos amigos por culpa de pensar distinto. Y ha sido muy triste. Los echo de menos. No entiendo de qué manera tener una opinión distinta sobre algo puede separarte hasta tal punto de alguien. Sé que hay temas que con una persona de extrema izquierda a la que quiera mucho jamás podré tocar. Pero no los tocaré y listo. No somos solo la opinión que tenemos sobre las cosas. Somos mucho más. Toda nuestra propia historia”, dice la autora.

 “Creo que si perdemos la capacidad de rebelarnos, lo perdemos todo. ¿A nadie le parece sospechoso que, de la noche a la mañana, ciertas ideas se vuelvan centrales y no importe nada más?“ 

Para ella hubo un antes y un después de la pandemia. “No soy negacionista, por supuesto que había una enfermedad circulando, pero la forma en que se gestionó fue terrorífica si lo piensas fríamente. De la noche a la mañana perdimos todos nuestros derechos como ciudadanos. Y lo aceptamos sin más. Todas esas normas absurdas que se inventaron y que tuvimos que acatar. La mente colmena es muy peligrosa. Y la inteligencia artificial no va a ayudarnos. Me pregunto qué clase de espíritu crítico puede desarrollarse en un mundo en el que le pides a un ordenador que piense por ti. 

(Lionel Shriver: Entrevista en el Pais)

09 febrero 2026

La enfermedad o subir al Everest

  

(Ana Maria Shua)

“Lo que hizo la medicina moderna no es prolongar la vida, es prolongar la vejez, que ahora dura muchos años. Mientras uno es joven tiene su cuerpo, pero cuando empieza a tener una cierta cantidad de años, carga con su cuerpo”

"Cuando era chica me gustaban los libros de aventuras, pero no es tan fácil vivir hoy aventuras. Hay que tener mucho dinero para subir al Everest y no cualquiera hace una expedición al Amazonas, pero ¿quién no se enferma alguna vez? Y la enfermedad también es una aventura. El amor y la enfermedad son aventuras para todo el mundo. Y a mí me interesa más la enfermedad”.

(Ana Maria Shua)