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07 mayo 2025

El anarquismo y el sexo

(Cristina Morales)

Los anarquistas han echado a tu ligue para protegerte del
deseo sexual, prima. Los anarquistas han echado a tu ligue porque piensan que la iniciativa sexual ha sido enteramente de él. Que tú, por tanto, has sido seducida. Presumen que tú estás en una situación de debilidad ante el macho, que se aprovecha de ti, de que eres nueva, de que eres poco punki, de que no sabes decir que no como sistemáticamente dicen que no las feministas del ateneo. ¿De qué están empapeladas sus fiestas? De carteles que dicen NO ES NO. ¿Qué grafitearon los de Can Vies en la última fiesta que hicieron en la Plaza Málaga? NO ME MIRES, NO TE ME ACERQUES, NO ME TOQUES. ¡Coño! ¡Y en letras de medio metro cada una! ¡Si por lo menos hubiera un grafiti lo mismo de grande al lado que dijera SÍ ES SÍ…! Pero ni eso, con lo que un indiscriminado voto de castidad presidía la fiesta entera. Los anarquistas quieren protegerte porque no entienden que tú, mujer, quieras que te miren, que se te acerquen y que te toquen, y que eso te lo pueda hacer un casi completo desconocido. Estos okupas criminalizan la pulsión sexual del mismo modo que el código penal los criminaliza a ellos por vivir sin pagar el alquiler. Criminalizan la pulsión sexual desde el punto y hora en que entienden que cualquiera que te mire, que se te acerque o que te toque, quiere abusar de ti. Nos animan a nosotras, mujeres, a decir que no. Quieren enseñarnos a nosotras, mujeres, a emborracharnos y a hacer pogos y a fumar porros y a encapucharnos, como siempre han hecho los varones. Sin embargo, no quieren enseñarnos otra cosa que también han hecho siempre los varones: expresar el deseo sexual y culminarlo.

—Para estos anarquistas tuyos, la pulsión sexual es peligrosa. Estoy de acuerdo con ellos: follar es peligroso. Follar es un acto de voluntad, un acto político, un lugar de debilidad donde caben desde el ridículo hasta la muerte, pasando por el trance, el éxtasis y la anulación. Pero los anarquistas no quieren asumir ese riesgo. Asumen otros, muchos y variados, pero ese no. ¿Por qué no asumen el riesgo del follar los anarquistas de hoy, a pesar de que sí lo asumieron los anarquistas de hace cien años? —Esta pregunta era retórica pero Marga, de nuevo, se la tomó como a ella dirigida, señal inequívoca de que me estaba escuchando. No sabía la respuesta y se encogió de hombros—. Este cambio de mentalidad merece ser estudiado con detenimiento. ¿No consideran los anarquistas de hoy la emancipación del deseo sexual parte de su lucha por la emancipación de todas las opresiones? —Marga volvió a encogerse de hombros, yo misma respondí—: Parece que no. Esa lucha, ¿les da miedo? —De nuevo alzó y descargó Marga los hombros en un gesto de niña a la que le toman la lección sin haber estudiado y sin saberse ninguna respuesta. Volví yo a responder—: Parece que sí. ¿Les da miedo follar? Por ahí van los tiros, por ahí van las pelotas de goma de los antidisturbios sexuales. Han entendido liberación sexual como mera y simple asunción y visibilización de la personalidad no heteronormativa de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Han acuñado el bello concepto de «disidencia sexual» para referirse a lo más superficial del sexo: a la identidad y a las pintas, a precisamente todo aquello que follando debería disolverse. Disidente sexual es una mujer que se deja bigote. Disidente sexual es un tío que empieza a hablar de sí mismo en femenino. Disidente sexual es el que toma estrógenos o la que toma testosterona. Vale que todos ellos son disidentes sexuales del heteropatriarcado. Sin embargo, ¿es disidente sexual una tía supermaquillada y vestida como Beyoncé, una tía incluso con tetas de silicona y una liposucción practicada, que quiere que la miren y que se le acerquen y que la toquen porque esa mujer, simple y llanamente, tiene ganas de follar, no de conseguir dinero, no de conseguir un favor laboral, no de darle celos a otra persona, sino que quiere follar porque para ella lo mejor del mundo es follar porque no idealiza ni categoriza ni clasifica el acto sexual y los cuerpos que sexualmente actúan, sino que concibe el follar como algo más alejado de lo simbólico y más próximo a la fornicación, es decir, a la tarea de poner todas nuestras potencias al servicio del placer? —No era espiral del silencio ni era niña poco aplicada. Íbamos sentadas una junto a la otra y a veces Marga giraba no solo la cabeza, sino que dirigía hacia mí el tronco en su natural posición de adelantamiento, de Sherlock Holmes o de Pantera Rosa que sigue un rastro de huellas en mi regazo, de modo que su oreja quedaba a la altura de mi boca y yo olía su pelo de días sin lavar—.
Esa mujer no es una disidente sexual para tu grupo anarquista. Esa mujer lo que está es tarada. Esa mujer se está metiendo en líos. Esa mujer está provocando, está poniéndoselo fácil a los violadores, o como poco a los machos fachos o a los machos sensibles, que vienen a ser lo mismo, y está poniendo en peligro los pilares del feminismo negador, el feminismo de la negación, el castrador feminismo en el que la mujer vuelve a desempeñar, paradojas de la vida, el rol de sumisa, pues dota al que se le acerca con intenciones sexuales de un poderío fálico ante el que solo cabe no ya atacar, lo que constituiría una digna actitud luchadora, sino defenderse. La feminista castradora se presume a sí misma objeto de dominación por parte de quien quiere follársela, al que presume en todo caso sujeto dominador. Como buena sumisa, en esa sádica relación que, lejos de combatir, asienta y en la cual se acomoda, la feminista autocastrada halla placer en la negativa que su sádico le inflige. Piensa la feminista de la negación que es ella quien niega el falo, pero se engaña: ella lo que quiere es que el falo la niegue a ella. Ella lo que quiere es revertir los clásicos roles de la calientapollas y el pagafantas. Ya no quiere ser más la seductora que no concede ni un beso después de que el tío la haya invitado a las copas. En vez de dinamitar esos roles de mierda, esa relación donde no hay ni carne ni verdad sino solo retórica y seducción, la autocastrada quiere adoptar el rol del pagafantas y que el otro sea su calientacoños, su negador de la carne, al que ella indefectiblemente se somete porque le gusta carecer de iniciativa sexual, que es una cosa muy pesada porque acarrea mucha creatividad, mucha 
Así, negando, se evitan las consecuencias inesperadas que pueden derivarse del follar no premeditado, siendo la falta de premeditación lo que distingue, qué duda cabe, al buen follar del mal follar. Siendo además esa falta de premeditación lo que nos aleja de los fetichismos y nos acerca a la verdadera cópula desenfrenada, desenfrenada no como sinónimo de veloz sino de ilimitada, de incondicional y de carente de formalismos. 
Pero este feminismo negador pontifica con que decir no al follar es liberador porque entiende el acto sexual como una histórica herramienta de dominación del hombre hacia la mujer. Mujer: cuanto menos tiempo y energía dediques al sexo, bárbara tarea, más tiempo tendrás para ti misma, para cultivarte y hasta para hacer la revolución. Mujer que no folla es mujer independiente y liberada. ¿No suena esto exactamente a lo que suena: a la mística del celibato? ¡Se llaman a sí mismas anarquistas y andan legislando sobre los coños! Irónicamente, defienden el follar malo, el follar premeditado, el follar, en fin, burgués. Halla placer el feminismo castrador en la elección consciente y calculada de pareja sexual como placer halla el consumidor en la elección de una mayonesa u otra en el supermercado, porque entienden estos feministas que follar es cuestión de gustos. ¡Nada menos que de gusto personal!

30 abril 2025

Cristina Morales y la Alienación (repeticion)

(Cristina Morales)

La alienación puede ser dos cosas: la originaria del abuelo Marx y la adaptada a la opresión de cada una, basada en aquella. El yayo Karl decía que alienación es la desposesión del obrero con respecto a su manufactura. Yo digo que alienación es la identificación de nuestros deseos e intereses con los deseos e intereses del poder. La clave, sin embargo, no está en dicha identificación, que se da constantemente en democracia: creemos que votar nos beneficia y vamos a votar. Creemos que los beneficios de la empresa nos benefician y trabajamos eficientemente. Creemos que reciclar nos beneficia y tenemos cuatro bolsas de basura distintas en nuestros pisos de treinta metros cuadrados. Creemos que el pacifismo es la respuesta a la violencia y recorremos diez kilómetros haciendo una batucada. La clave, digo, no está en la ridícula vida cívica sino en su constatación, en darse cuenta de que una está haciendo lo que le mandan desde que se levanta hasta que se acuesta y hasta acostada obedece, porque una duerme siete u ocho horas entre semana y diez o doce los fines de semana, y duerme del tirón, sin permitirse vigilias, y duerme de noche, sin permitirse siestas, y no dormir las horas mandadas se considera una tara: insomnio, narcolepsia, vagancia, depresión, estrés. Ante la omnipresente alegría cívica pueden pasar tres cosas. Uno, que no te des cuenta de lo obediente que eres, de modo que nunca te sentirás alienada. Serás una ciudadana con tus opciones electorales y sexuales. O sea: seguirás estudiando danza clásica de tercero porque es tu obligación, que para eso te han dado una beca. Seguirás manifestándote al grito de No más sangre por petróleo, de Salvemos la Sanidad, de In-Inde-Independencia, que para eso vives en democracia y tienes libertad de expresión. Segunda posibilidad: te das cuenta de lo obediente que eres pero te da igual. No te sientes alienada porque justificas la obediencia debida. Haces tuya la frase de que vivimos en el menos malo de los sistemas y de que los partidos políticos son males menores. Eres una defensora de lo público. Sigues estudiando danza clásica porque no te queda más remedio, porque mejor eso que estar poniendo copas y porque aspiras a un puesto de trabajo decente. Sigues manifestándote al grito de Los de la acera a la carretera, de Salvemos la Educación, de A-Anti-Anticapitalistas porque crees que hay que tomar las calles, que consideras tuyas. Tercera posibilidad: te das cuenta de lo obediente que eres y no lo soportas. Entonces sí que estás alienada. ¡Enhorabuena! No soportas hacer cola para pagar. ¡Hacer uno cola para pagar en vez de ellos hacer cola para cobrarte es el colmo de la alienación! No soportas los domingos de elecciones. El electorado sale bien vestido y afeitado, se encuentra con el vecino y comenta lo que vota y por qué, mira con curiosidad todas las papeletas, se permite un mínimo margen de duda acerca de su elección pero siempre prevalece la que trae tomada de casa. Llevan a los niños, los niños juegan con otros niños, corretean, son subidos por sus padres a la altura de la urna para que ellos depositen el voto, o, si ya son mayorcitos, lo depositan sin ayuda. Hay hasta quien coge una papeleta de cada partido y se la guarda porque las colecciona. Luego salen y se echan una caña, en una terraza si hace buen tiempo. ¡La fiesta de la democracia! ¡Gane quien gane, la democracia siempre gana! En las últimas europeas fui al colegio a reafirmarme en mi repugnancia y todo el mundo me miraba las tetas. Iba sin sujetador y con una camiseta ceñida. A los ciudadanos y a las ciudadanas, a los alegres cívicos y cívicas, les salían gusanos por la boca mientras animada y domingueramente hablaban y desviaban la atención de su interlocutor a mis pezones, de la mesa de las papeletas a mis pezones, y me parecieron pacatos y pacatas sostenedores y sostenedoras de la prostitución, aun sin haber ido ellos nunca de putas (pero sí haberse follado muchas veces a sus novias y mujeres cuando abiertamente ellas no tenían ningunas ganas) ni haber ellas nunca cobrado explícitamente por follar (pero sí haber follado muchas veces con sus novios y maridos sin ganas, impelidas por el contrato de sexoamor que los une). Ellos, prostituyentes. Ellas, servidoras de la cena del prostituyente cuando vuelve a casa. La prostituta no era yo ni la representaba, pues toda mi insinuación fue existir. Iba callada, no increpé a nadie, salí tan pronto sentí que las compuertas empezaban a activárseme. La prostituta, esto es, el ser sobre quien ejercer dominio, estaba ausente. No era necesaria puta alguna en el colegio electoral porque la tarea política del votante, en tanto que mística, en tanto que simbólica, no necesita objeto al que dominar. A diferencia de la tarea política del tirano o del violador, que necesita de la inmanencia de su objeto y de la experiencia del dominio, al votante le basta con la ilusión de la posesión, del tener en un sobrecito con su papeletita el destinito de algo. La fiesta de la democracia es una misa en donde el festín se reduce a una oblea consagrada por cabeza. Como no podía ser de otro modo, los votantes se quedaban con hambre de dominio y por eso se zampaban mis erectos pezones con la mirada. Con la mirada y, por supuesto, con nada más. No follo ni con españoles ni con nadie que haya votado en las últimas elecciones, sean locales, autonómicas, nacionales o europeas, o elecciones sindicales o elecciones primarias para elegir al líder de un partido, o en referéndums por la independencia, por la firma de un tratado de paz, por la extensión del mandato presidencial, por la reforma de la Constitución, por la cancelación del rescate europeo o por la salida de la Unión Europea, imbéciles ciudadanos todos. 

24 marzo 2022

Hay una violencia detrás de la gratuidad

(Cristina Morales)

"Yo tenía interés de escribir algo más ensayístico sobre cómo se enseña la danza en los centros cívicos. Me interesaba examinar esta idea de la danza democratizada o de acceso a todo el mundo porque yo he practicado danza en estos ámbitos y quería saber qué consecuencias tiene. Por una cuota muy barata o gratis todo aquel que no procede ni de la academia ni del conservatorio puede recibir una formación dancística. Pero aunque todo es aparentemente libre y democrático, hay una violencia que se oculta detrás de la gratuidad."

¿Como se expresa esta violencia en la danza?
"El binarismo mente y cuerpo es algo absurdo. La danza disciplina el cuerpo y la mente. El bailarín no solo tiene que tener aptitudes físicas, necesita un carácter especial y el estómago para obedecer a su director o coreógrafo. En mi novela, Nati es un personaje que se quiebra porque tiene habilidades dancísticas, pero carece de obediencia y eso la convierte en una bailarina mala para el establishment dancístico. Ese rechazo es violento."

"...Cuanto más radical políticamente es una, mayor porcentaje de discapacidad tiene. La radicalidad política es concebida como una discapacidad y una tara para ser miembro de la sociedad."

 "Ella no tiene las riendas de su deseo. Es el otro el que decide la relación sexual. Ese pasaje es muy crítico con ese feminismo que ella llama el “feminismo de la negación”. Una está legitimada para decir no, cuando no desea, no a la violencia, pero no está autorizada para ser un objeto de asentimiento, decir sí a un deseo naciente en nosotras. Creo que esto es una tarea pendiente de los feminismos."

"Una novela es un acto de libertad por parte de su creador. Y yo la hice con toda la libertad que puedo tener. Si alguien se siente incómodo es bueno para él, significa que está en crisis de su posición de privilegio y bienestar. A mí me gusta sentirme así como lectora y por eso intento provocarlo en mis historias."

"Si alguien no puede entender algo no es porque sea tonto, es porque hay otros que no quieren que lo entienda. Por ejemplo, los vocabularios de la medicina, del derecho, de la arquitectura, que no todos podemos entender, están destinados a una opacidad y a mantener a alguien que atesora los secretos del lenguaje como un sometedor de aquel que no lo atesora."

03 febrero 2019

El acontecimiento sexual es absolutamente inútil





El acontecimiento sexual, pues, no tiene ningún fin, y no quiere tener ninguno. Pero las cosas más elevadas de nuestra existencia, como el arte, la poesía o la música, no tienen ningún fin visible y tangible y, cuando quieren tenerlo, inmediatamente parecen empobrecidas y despreciadas. Lo mismo ocurre con el acontecimiento sexual, que resulta empobrecido y despreciado cuando se le impone un fin. El acontecimiento sexual es, como todas las cosas más elevadas y resplandecientes de nuestra existencia, en su naturaleza real y en sus momentos más preciosos y felices, absolutamente inútil.
Pienso que, respecto al sexo, no se puede tener una opinión sin equivocarse. De hecho, el sexo no requiere opiniones. Rechaza toda idea de naturaleza abstracta y general. Las ideas no se pueden construir sobre todo, y el sexo es un buen ejemplo de ello.
El sexo es sordo, ciego y mudo, pero aun así, pretende comunicarse. Al ser el sexo ciego, sordo y mudo, está inmerso en la oscuridad y en el silencio, y es estricta propiedad del individuo como muy pocas otras cosas en el mundo. Estricta propiedad del individuo pero sedienta de un prójimo, e infeliz si no lo encuentra. 
En el sexo, la felicidad y el dolor aparecen únicamente cuando hay dos personas frente a frente. Del mismo modo, también el bien y el mal aparecen, en el sexo, cuando hay, frente a frente, dos personas, que pueden hacerse el bien o el mal recíprocamente. En el sexo, todo lo demás es juego, y tal vez no merezca la pena hablar de ello.
Muchas veces, también entre dos personas el sexo es juego. Muchas veces, los dos no sienten nada el uno por el otro y lo que buscan es el entretenimiento. No hay entonces un «acontecimiento sexual», sino de nuevo simplemente un juego, y la unión de los dos es entonces semejante a un partido de tenis, o una partida de ajedrez. Reclamar la libertad sexual, en abstracto, significa invocar la libertad de jugar al tenis o al ajedrez cuando nos apetece. ¿Es algo que se puede reclamar? Sí, pero seguramente no vale la pena armar tanto alboroto. Se desea la libertad de jugar al tenis como se desea cualquier otra libertad.
Nada más acabar de escribir las últimas palabras ya no me parecen tan verdaderas. Entre los juegos sexuales y las partidas de ajedrez o los partidos de tenis hay una diferencia fundamental. En los partidos de tenis solo interviene el cuerpo, en las partidas de ajedrez intervienen la astucia y la inteligencia. Pero en los juegos sexuales siempre interviene de alguna forma nuestra alma. Los vínculos entre el sexo y el alma son inexplicables, pero estrechos, indisolubles y profundos.

De los juegos sexuales no valdría la pena tal vez hablar si ahora no hubieran invadido el mundo. Si han invadido el mundo es porque hoy la gente desea agazaparse en una condición infantil. De los acontecimientos sexuales la gente tiene miedo, porque son dramáticos, están cargados de consecuencias, impregnados de felicidad o de infelicidad. La gente los teme como teme a los dragones. De este dragón que es el sexo, o de esta águila o halcón, han hecho una gallina cacareante, y la tienen aleteando en sus patios. Por lo cual cuando debaten sobre el sexo, parecen hablar de gallinas; se preguntan si recibirán o no los huevos que exigen, si obtendrán su porción de orgasmo, y hablan de eso lo más alto que pueden para no tener miedo. Van a ver películas pornográficas tal y como se va a ver los criaderos de pollos.
Goffredo Parise escribió hace unos días un artículo a propósito de la pornografía. Decía que la pornografía es una forma de conformismo y que de eso proviene su carácter tétrico. Sí, pero su carácter tétrico no solo proviene de eso. Proviene del hecho de que los criaderos de pollos son tétricos. Cuando una película de contenido pornográfico alcanza la esfera del arte, se desvanece inmediatamente el aire sofocante del gallinero e irrumpen los dragones. Se desvanecen los patios y cualquier inmóvil juego de infancia. El arte es adulto, y arrastra consigo el bien y el mal, el dolor y la felicidad, y la realidad.



28 agosto 2013

La libertad concedida es falsa

(Pier Paolo Pasolini)
El poder mercantiliza el cuerpo, transforma el cuerpo en mercancía. Cuando Marx habla de la explotación del hombre por el hombre, habla efectivamente de una relación sádica. Durante la edad "represiva" el sexo era una delicia, porque se hacía a escondidas y era una burla a todas las obligaciones que el poder imponía. En cambio, en las sociedades tolerantes como se declara la nuestra, el sexo produce neurosis, porque la libertad concedida es falsa y, sobre todo, es concedida desde arriba y no ganada desde abajo. Por lo tanto, no es vivir una libertad sexual, sino adecuarse a una libertad que viene concedida. Y entonces, en cierto punto, uno de los personajes de mi film dirá exactamente: "Las sociedades represivas reprimen todo... entonces los hombres pueden hacer todo". Pero agregué este concepto que para mí es lapidario: "Las sociedades permisivas permiten algo... y se puede hacer sólo aquel algo". Es terrible, ¿no? Hoy, en Italia, se pueden hacer algunas cosas. Antes, en realidad, nada era concedido.
..Pero no debemos esperar nada. La esperanza es una cosa horrible, inventada por los partidos para tener contentos a sus afiliados.

(Pier Paolo Passolini)

29 marzo 2011

No sabemos leer las señales


Ve las series televisivas sobre mujeres actuales? ¿Qué opina?
Mujeres desesperadas me resulta ofensiva por el grado de riqueza que exhibe. De nuevo, el presbiterianismo me lleva a condenar ese tipo de despliegues. También vi Sex and the City , hay un capítulo en el cual la protagonista, de una belleza menos convencional, una abogada, ve a un hombre en la ventana del edificio de al lado y empieza a desnudarse para él, pensando que él estaba montando un show para ella también. Pero luego se lo cruza en el supermercado y resulta que él es gay y que toda la escena de seducción se la estaba haciendo para el muchacho que estaba en la ventana de un piso superior. 

Es una historia que dice bastante sobre cómo nos enamoramos de alguien por su sonrisa y su cuerpo bonito y no sabemos leer las señales de que todo está en nuestra cabeza. Pero el resto de la serie me pareció bastante predecible, basada en esa idea de encontrar un hombre que lo sea todo, un matrimonio que lo tenga todo: intelecto, sexo, amor. Y eso es imposible. La solución es encontrar un buen balance, pero cuando uno se enamora, no ve esto. Supongo que yo soy una romántica, pero a la vez soy una persona muy analítica y ambas cosas no van bien juntas. Para las generaciones anteriores, que podían mantener separados los intereses románticos y sexuales, todo era más fácil que para las generaciones actuales

(Alice Munro)

24 marzo 2011

La libertad es obligatoria

Durante la edad "represiva" el sexo era una delicia, porque se hacía a escondidas y era una burla a todas las obligaciones que el poder imponía. En cambio, en las sociedades tolerantes como se declara la nuestra, el sexo produce neurosis, porque la libertad concedida es falsa y, sobre todo, es concedida desde arriba y no ganada desde abajo.

Por lo tanto, no es vivir una libertad sexual, sino adecuarse a una libertad que viene concedida. Y entonces, en cierto punto, uno de los personajes de mi film dirá exactamente: "Las sociedades represivas reprimen todo... entonces los hombres pueden hacer todo". Pero agregué este concepto que para mí es lapidario: "Las sociedades permisivas permiten algo... y se puede hacer sólo aquel algo". Es terrible, ¿no?

Hoy, en Italia, se pueden hacer algunas cosas. Antes, en realidad, nada era concedido. Las mujeres eran casi como en los países árabes, el sexo estaba escondido y no se podía hablar de eso, y ni siquiera se podía mostrar un seno medio desnudo en una revista. Ahora... conceden algo. Conceden fotos de mujeres desnudas... pero no de hombres.

Después, una gran libertad en las parejas heterosexuales, "libertad" por decir de algún modo, porque debe ser ésa y además es obligatoria. Como es concedida, se volvió obligatoria. Como es concedida, un muchacho no puede no aprovechar la concesión. Entonces se siente obligado a estar siempre en pareja, y la pareja se volvió una pesadilla, una obsesión, en vez de una libertad. ¿Has visto cómo está de moda la pareja ahora? Pero es una pareja falsa, de una insinceridad espantosa. Mira estos chicos que, presos de quién sabe cuál noción romántica, caminan de la mano o abrazados, un chico y una chica. "¿Qué es este súbito romanticismo?", preguntarás. Nada. Es la nueva pareja relanzada por el consumismo, porque esta pareja consumista compra.

(Pier Paolo Pasolini)

03 diciembre 2010

El postporno era eso

"Es algo asi como "te enseño las tetas" pero pongo cara de que "te voy a romper las piernas". (Maria Llopis)

06 noviembre 2009

Los domingos y la falsa tranquilidad

(Thomas Bernhard)

En realidad, nunca he querido tener domingos, siempre los he odiado porque son tranquilos y antinaturales. La armonía no la aguanto realmente, y tampoco me gustan las familias donde todo va bien y reina una falsa tranquilidad, eso no me va.

Todo hombre quiere al mismo tiempo participar y que lo dejen en paz. Y como eso no es posible, las dos cosas, siempre se está en conflicto. Cierro aquí la puerta para estar tranquilo de una vez, y en el momento que cierro la puerta me doy cuenta de que es un error, de que otra vez he hecho algo equivocado, porque en el fondo no lo quiero: porque por una parte se sabe que estar solo es mucho mas agradable pero por otra, no se puede estar solo.

Uno se ve lanzado de un lado a otro. Ese es el mejor impulso vital y estímulo que se puede tener. Si se limita a amar, está perdido. Si se limita a odiar, esta perdido igualmente. Sin erotismo no hay nada vivo. Ni siquiera los insectos que lo necesitan también. Salvo que se tenga una idea muy primitiva del erotismo. No es ése mi caso, porque siempre procuro superar lo primitivo. No necesito una hermana, ni necesito una amante. Todo eso se tiene dentro y a veces se puede utilizar, si se quiere. La gente cree siempre que aquello de lo que no se habla sin más no existe, pero eso es una tontería.

Un anciano de ochenta años, que está en cama en algún lado y no ha tenido esa clase de amor desde hace cincuenta años, tiene también su vida sexual. Al contrario, se trata de una existencia sexual mucho más estupenda que la primitiva. Yo prefiero observarlo en un perro y no perder fuerzas ya. La sexualidad desempeña en todo ser humano un papel enorme, da igual como se realice. No hay otro remedio, porque es algo que se tiene. No hay ser humano sin sexualidad. Aunque le cortaran los pechos, la polla y todo, seguiría dependiendo totalmente de la sexualidad. Pero claro está que entonces habría muerto y sería una víctima total de la sexualidad total.

(Thomas Bernhard)

02 septiembre 2009

El sexo y la depresión

Hoy no es el sexo el que perturba o produce temor, sino el dolor permanente, el cadaver potencial que somos. ¿Quién quiere mirarlos a la cara?. La depresión es el secreto, tal vez lo sagrado moderno. (Julia Kristeva)

07 junio 2009

El amor y el sexo

Lacan provee la respuesta para el problema de cómo se relacionan el amor y el sexo, para que no me digan después que Lacan no tiene una aplicación práctica. Procederé de una forma stalinista, hay cuatro desviaciones, una es la idealización, el sexo es sucio, el contacto físico es sucio, la única cosa potable es el puro amor espiritual, eso está equivocado pero su opuesto, una especie de materialismo vulgar, el amor es una xxx lo único que importa es el buen sexo etc., la primera es una desviación derechista y la segunda es izquierdista. Hay una tercera posición, uno puede tenerlos ambos pero de forma dividida, tenés una mujer ideal otra para.... Nunca tocó a Beatrice pero tuvo muchas amantes, una mujer para el sucio sexo otra mujer para el amor puro. Pero aún hay una cuarta posibilidad que es la inmediata coincidencia, que el verdadero amor y el sexo sean idénticos. Creo que esto es una pesadilla del superyo, la prueba de que te amo es que te hago el amor eficientemente ¿pueden imaginarse la presión superyoica que eso significa? cuando lo hacés no sólo le estás probando a tu amor que te desempeñas bien sino que al mismo tiempo es una prueba de tu amor, realmente es para quebrarse! ¿Cuál es la solución? creo que es una simple y muy elegante; el amor es todo, el amor el único modo que nos hace... el sexo no nos... pero precisamente eso nos permite gozar del sexo sin presión. Uno suele decir que no importa pero por supuesto que importa, si no importara no lo harías, entonces dividís pero es para hacerlo sin presión.
El verdadero amor, aún la sublimación, no tiene nada que ver con la idealización, no idealizo a mi partenaire; la paradoja es que te acepto como eres, con todas tus fallas, etc., no te idealizo pero al mismo tiempo eres una "especie" de sublime.

26 marzo 2009

El perfecto desprendimiento de la ternura


Amor, amor en una noche de primavera. La puntilla de su camisón, el aroma fresco del perfume o la colonia que se pone antes de acostarse, su pelo oscuro y su cara pálida y apenas visible, el encaje de la luz de las farolas que, enmarcada por la ventana y las cortina, se proyecta sobre nuestros cuerpos. El perfecto desprendimiento de la ternura y la desilusión, la perfecta respuesta de un cuerpo ante otro, del uno que responde al otro, la lenta travesía hacia el cautiverio de nuestras facultades, hacia ese pais de violencia ajena y abrumadora; luego, un sueño dulce.

(John Cheever)

30 octubre 2007

Las huellas y el sudario

Un contraluz fantasmal, sudario y sexo, cama sin renovar, quedan las huellas, las formas, que la repetición y los lubricantes consiguen . Quizás las primeras pruebas con entusiasmo tras un tupper-sex, tan femenino el, en que el deseo da paso a cierta sexualidad no perversa, limpia y atlética. Probablemente dure poco y la fuerza de lo maternal abra la ventana, airee las sabanas y el mundo vuelva al big-bang inicial, que no big-band, que es en lo que se quedan estas cosas, algo desafinadas. Las bolas chinas.....

(Rafa Cid) (para Antonio y Mercedes)