24 mayo 2026

La IA sin acentos

 


Cuando iba al colegio, nos hinchaban a redacciones, teniamos que escribir sin faltas de ortografia, con los acentos correctos (esto aun me sigue costando) y con buena letra. La caligrafia era importante. Los tiempos han cambiado.

Siempre he sido una persona que disimula, aunque creo que no le he conseguido. Ahora le llaman "maskin", ponerse una mascara adecuada a cada situación. En la adolescencia esto se vio confirmado por Lao-Tse, "si estas con tontos hazte el tonto", y hasta aqui hemos llegado. 

Tras las oposiciones consegui el equilibrio tramitando los expedientes justos, ni uno mas para no parecer "pelota", ni uno menos para no parecer un vago. Lo justo, sin pasarse. Hablando de futbol en el cafe, lo malos que son los politicos y "esto lo arreglaba yo en un momento".

Tras el despido masivo en mi oficina al incorporar la IA en el trabajo, han descubierto que una maquina hace el trabajo de todos y no pide Moscosos. Sí, hemos perdido humanidad, pero Gutierrez tampoco tenia mucha cuando les hacia dar cincuenta vueltas a las peticiones.

Me han ofrecido colaborar "humanizando" la inteligencia artificial, tengo que quitar los acentos (Esto no me cuesta mucho), hacer faltas de ortografia controladas y "perder el control" de vez en cuando, tengo un protocolo de frases a utilizar:

"Aunque Vd pague sus impuestos estamos escasos de personal y recursos"

"A mi trateme con respeto, que yo no le he faltado"

"Venga Vd. mañana que el que atiende esto no esta ahora"


Parece ser que la gente esta más tranquila, eso de que la atendiera una maquina fría y correctamente no les acababa de gustar.
¡Que tiempos!

(Evaristo Cienpozuelos)

03 mayo 2026

El silencio, el ayuno digital y el aburrimiento.

(Byung-Chul Han)

El agotamiento de la sociedad moderna no nace de las imposiciones externas, sino de una autoexplotación invisible. La necesidad de productividad constante ha eliminado los espacios de calma y descanso, convirtiendo la vida en un ciclo de rendimiento infinito. De esta forma, la ausencia de ruido deja de ser un vacío para pasar a ser una herramienta de resistencia.

La búsqueda de la excelencia individual, entendida como necesidad de mejorar genera una presión constante que se identifica como el motor del cansancio contemporáneo.

Ante la velocidad del mundo digital y la exposición permanente, el silencio surge como la vía para recuperar la autonomía sobre el propio tiempo. 

El silencio funciona como la única manera de decir no a la exigencia de ser una persona siempre mejor y productiva.

El silencio no es una carencia de contenido, sino una forma de desobediencia frente a la autoexplotación que nos obliga a estar siempre disponibles y visibles.

La filosofía contemporánea advierte que el valor del ser humano se ha desplazado del «ser» al «hacer». Si no producimos o no mostramos nuestra vida en las plataformas digitales parece que dejamos de existir. Esta dinámica, basada en la premisa de ser vistos para ser reconocidos, alimenta un ruido perpetuo que impide la reflexión profunda.

Esta situación guarda una relación directa con fenómenos modernos como el burnout o desgaste profesional. La psicología identifica esta tendencia como una autoexigencia desadaptativa, donde la persona busca metas que exceden sus necesidades reales. Al eliminar el silencio, eliminamos también la capacidad de procesar nuestras experiencias, quedando atrapados en una rueda de hámster de tareas y opiniones inmediatas que no permiten el reposo cognitivo.

Una de las herramientas más efectivas para combatir el burnout es el ayuno digital, una práctica que consiste en desconectar de forma total cualquier dispositivo electrónico durante periodos específicos del día. Esta técnica permite que el cerebro descanse de la sobreestimulación de las pantallas.

Al eliminar las notificaciones, la persona recupera, poco a poco, la capacidad de concentración que la tecnología fragmenta de manera constante.

Otra opción para fomentar el silencio es el establecimiento de zonas blancas en casa. Se trata de estancias o rincones específicos donde el uso del teléfono móvil o el ordenador queda estrictamente prohibido. La creación de estos espacios fisicos en el hogar ayuda a que la mente asocie ciertos entornos con la relajación profunda y la reflexión, lejos del ruido que genera la productividad infinita que critica el filósofo.

Finalmente, muchos psicólogos suelen recomendar la técnica del aburrimiento, ya que funciona como un catalizador de la creatividad. En lugar de rellenar cada segundo de espera con el móvil, permitir que el tedio aparezca obliga al individuo a enfrentarse a sus propios pensamientos e incluso fomenta la creatividad, al permitir que la persona encuentre soluciones originales a problemas cotidianos.

(Byun-Chul Han)