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| (Deborah Danowski y Eduardo Viveiros de Castro) |
Con todo, cada vez se da una mayor negación del fenómeno de cambio climático.
Deborah Danowski: El negacionismo va a más en todo el mundo, sobre todo en Estados Unidos con la administración Trump; y en Brasil, con Bolsonaro, aunque ha disminuido desde que gobierna Lula. Pero hay varias formas de negar. Cuando escribimos el libro, el negacionismo en Brasil era más bien indiferencia y desprecio por el tema. Creo que hoy esta sigue siendo la forma predominante, aunque hay una extrema derecha que niega públicamente las evidencias. Además de los que niegan completamente el calentamiento global, están los que reconocen el fenómeno pero no le atribuyen autoría humana; los que lo reconocen pero creen que se puede resolver con soluciones tecnológicas, y luego están los que se piensan entre los fieles que serán «arrebatados» el día del juicio final.
En cuanto a las razones de la negación, pueden deberse a la ignorancia, a creencias religiosas, o al interés monetario o político de una élite que en privado sabe lo que ocurre pero antepone el beneficio que aún puede acumular, ya sea extrayendo y quemando combustibles fósiles, o explotando minerales, exportando enormes cultivos agroindustriales, deforestando, etc. Observemos que puede darse un refuerzo mutuo entre estas diferentes formas; por ejemplo, el que niega por interés económico puede apoyar el negacionismo religioso para proseguir con su política de extracción de recursos, y el segundo para acelerar la llegada de su reino de Dios. Para los que creen en el advenimiento del arrebatamiento, la destrucción del planeta y el caos político son pruebas de ese fin cuya aceleración desean. Y no olvidemos a los llamados aceleracionistas, que afirman que la aceleración de las crisis del capitalismo permitirá la revolución y la instauración de un mundo mejor.
Por último, es importante separar el negacionismo de la indiferencia, que es otra forma de negación, pero que, en mi opinión, mezcla una forma de negacionismo climático con una especie de autonegación y huida de la realidad.
Bruno Latour sentenció respecto al cambio climático que todo va tan rápido que no se puede acompañar.
Deborah Danowski: Solíamos pensar que la historia se limitaba al ámbito humano, mientras que la naturaleza no tenía historia, o como mucho cambiaba tan lentamente que los efectos de esos cambios eran insignificantes para las acciones políticas. La agencia era un don de los sujetos y las sociedades humanas, y la inercia una ley de los cuerpos naturales, es decir, de los objetos.
Con el Antropoceno, sin embargo, estamos asistiendo a la inversión de esta relación: mientras la crisis climática se acelera cada vez más y el comportamiento del clima sorprende incluso a los científicos de la Tierra, la política parece incapaz de cambiar o, si lo hace, es en la dirección de la huida y negación de la realidad, como estamos viendo muy claramente con la administración Trump, que cree que puede detener el calentamiento global con muros y expulsando a los extranjeros no blancos de su país. Eso en sí mismo es una catástrofe, así que también podemos decir que la catástrofe climática y la catástrofe política van ahora de la mano. Son dos catástrofes en resonancia.
¿Qué lectura se hace del fin del mundo y de la catástrofe climática desde las cosmologías indígenas, Eduardo? ¿Por qué esta deriva eco-suicida?
Eduardo Viveiros de Castro: En la tradición popular indígena, cuando acaba el mundo viene otro, no hay un reino celeste en el cual nos reuniremos, como en las concepciones monoteístas sobre las cuales se construye el pensamiento occidental. En las cosmologías indígenas el final nunca es definitivo, sino que tienen una idea de fines cíclicos, de sucesión de diferentes mundos y de reaparición de mundos. Este en el que vivimos acabará. La caída del cielo, como dice el chamán yanomami Davi Kopenawa, significará el agotamiento de los recursos. El cielo caerá porque ya no tendrá soporte. Pero siempre hay mundos por venir. Aparecerán otras especies, otras humanidades completamente diferentes a la nuestra. En los relatos indígenas, en este nuevo reaparecer no estarán los blancos. Los indígenas sí estarán, pero no los blancos.
En relación a lo que señala Déborah: desde que escribimos el libro en 2014 las cosas solo han empeorado. La posibilidad de fin de mundo es hoy más viable que nunca. No del fin del mundo, sino del fin de nuestro mundo. La ciencia ya ha imaginado el mundo anterior a la aparición del ser humano sobre la Tierra. Ahora tenemos que imaginarnos un mundo de después de la humanidad, cuando esta llegue a su fin. En referencia al eco-suicidio que nos amenaza, hay especies que dejan de procrear y que buscan su final. Lo mismo en la especie humana: hay quien busca agravar la crisis como si esta fuera su salida. También están los tecno-capitalistas, que piensan que pueden sobrevivir al desastre climático. En general, unos y otros quieren que la humanidad se convierta en algo menos importante.
Los primeros que van a perder el mundo son los pobres, porque el capitalismo ya no los necesita. Se está produciendo el exterminio por omisión —dejar morir es una forma de necropolítica— y exterminio por acción, como el de Israel en Gaza. Lo que los tecno-capitalistas buscan es crear Estados-empresa en sustitución del Estado-nación, para el disfrute de una élite. Hay muchos fanáticos y psicópatas gobernando el mundo. ¡Como si ellos sí pudieran escapar!
Preguntabas quién puede ver con entusiasmo la perspectiva del fin del mundo tal y como lo conocemos. Volvamos a la cuestión de la excepcionalidad, la idea según la cual podemos pasar de ser monos, que es de donde venimos, a ser seres divinos celestes, ángeles. Esta idea está detrás de pensadores californianos que creen en la migración de sus cuerpos en máquinas, que los convertirá en seres inmortales para conseguir superar la condición orgánica, la condición animal: ser ángeles mecánicos. Esta es una medida que se está implementando, y además de forma seria, en Silicon Valley por parte de los tecno-fascistas. Son ideas propias de una mentalidad neocolonial y sus proyectos solo pueden construirse si verdaderamente destruimos el mundo. Y parece que sí, que hay intereses en destruirlo.
(Jot Down: Entrevista a Eduardo Viveiros de Castro y Deborah Danowski)
