31/3/11

La interrupción


La escenografía de mi vida ha tenido un esquema de película, o de teatro, o incluso de novela: planteamiento, desarrollo, desenlace y final. Siempre he sufrido con los hechos inacabados, mal planteados y sobre todo con los que ni siquiera han sido desarrollados, abortados en su inicio. Luego descubrí el papel de las interrupciones, esos cortes no previstos, que alteran un desarrollo fluido. Lo asocie inicialmente con el azar y cuando empecé a conocer más a la gente, a cierta voluntad de interferir, de interrumpir e incluso de detener la vida, retardando el final, que luego descubrí que siempre era la muerte.

Esta interrupción continua, que ha impedido las corrientes placenteras de mi vida, ha hecho que buscara el aislamiento para no ser interrumpido. Cuando compartía piso coloque un pestillo en mi habitación, no para proteger mi intimidad como pensaba sino para evitar la interrupción como averigüé después.

Posteriormente desarrolle un silencio pertinaz, no soportaba que me interrumpieran, pero aun así no evitaba que el habla fluida de la otra persona fuera frenada constantemente por hechos ajenos a la conversación.

No se si tendré, a pesar de la angustia, la paciencia de esperar o finalmente cerrare el interruptor pero suceda lo que suceda se que este es mi final. En el momento que la luz, la única luz que queda en mi vida, se apague, me apagare yo también, no tengo ninguna duda. Estoy solo, aislado del mundo, en este cuarto incomunicado al que es imposible acceder, esperando el final natural, el agotamiento de la bombilla, mi final.

(Evaristo Cienpozuelos)

Solo hay un tipo de amor duradero. El amor no correspondido. Éste no te abandona nunca (Woody Allen. Sombras y nieblas)


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