6/11/09

Los domingos y la falsa tranquilidad


En realidad, nunca he querido tener domingos, siempre los he odiado porque son tranquilos y antinaturales. La armonia no la aguanto realmente, y tampoco me gustan las familias donde todo va bien y reina una falsa tranquilidad, eso no me va.

Todo hombre quiere al mismo tiempo participar y que lo dejen en paz. Y como eso no es posible, las dos cosas, siempre se está en conflicto. Cierro aquí la puerta para estar tranquilo de una vez, y en el momento que cierro la puerta me doy cuenta de que es un error, de que otra vez he hecho algo equivocado, porque en el fondo no lo quiero: porque por una parte se sabe que estar solo es mucho mas agradable pero por otra, no se puede estar solo.

Uno se ve lanzado de un lado a otro. Ese es el mejor impulso vital y estímulo que se puede tener. Si se limita a amar, está perdido. Si se limita a odiar, esta perdido igualmente. Sin erotismo no hay nada vivo. Ni siquiera los insectos que lo necesitan también. Salvo que se tenga una idea muy primitiva del erotismo. No es ése mi caso, porque siempre procuro superar lo primitivo. No necesito una hermana, ni necesito una amante. Todo eso se tiene dentro y a veces se puede utilizar, si se quiere. La gente cree siempre que aquello de lo que no se habla sin más no existe, pero eso es una tontería.

Un anciano de ochenta años, que está en cama en algún lado y no ha tenido esa clase de amor desde hace cincuenta años, tiene también su vida sexual. Al contrario, se trata de una existencia sexual mucho más estupenda que la primitiva. Yo prefiero observarlo en un perro y no perder fuerzas ya. La sexualidad desempeña en todo ser humano un papel enorme, da igual como se realice. No hay otro remedio, porque es algo que se tiene. No hay ser humano sin sexualidad. Aunque le cortaran los pechos, la polla y todo, seguiría dependiendo totalmente de la sexualidad. Pero claro está que entonces habría muerto y sería una víctima total de la sexualidad total.

(Thomas Bernhard)

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