25/6/11

Amor eterno


Lunes 9: He conocido a Marina. He tenido esa sensación, poco frecuente en mi, de cosquilleo en la tripa. No podía dejar de fijarme en sus labios, parecen tener vida independiente y ajena al resto del cuerpo. Creo que me estoy enamorando.

Martes 10: He conocido a Marina. He tenido esa sensación, poco frecuente en mi, de cosquilleo en la tripa. No podía dejar de fijarme en sus ojos, tan abiertos a ratos y a veces tan entornados, imitando el abandono que su cuerpo anuncia. Creo que me estoy enamorando.

Miércoles 11: He conocido a Marina. He tenido esa sensación, poco frecuente en mi, de cosquilleo en la tripa. No podía dejar de fijarme en su forma de hablar, reteniendo y jugando con las palabras y mi deseo. Creo que me estoy enamorando.

Jueves 12: He ido al medico. Tengo Alzheimer. No recuerdo nada de un día para otro. Me ha acompañado Marina, a la que he conocido hoy. No podía dejar de fijarme en sus manos, tan suaves y acariciadoras. A ratos tengo la sensación de conocerla de hace tiempo. Creo que me estoy enamorando.

Viernes 13: He conocido a Marina. He tenido esa sensación, poco frecuente en mi, de cosquilleo en la tripa. No podía dejar de fijarme en sus labios, que parecen tener vida independiente y ajena al resto del cuerpo. Creo que me estoy enamorando.

(Evaristo Cienpozuelos)

Aunque sea un instante, deseamos/ descansar. Soñamos con dejarnos./ No sé, pero en cualquier lugar/ con tal de que la vida deponga sus espinas. (Gil de Biedma: Aunque sea un instante)

3 comentarios:

Mariano dijo...

Hola Rafa.
Si admiro tus cortos relatos, éste me deja anonadado.
No puedo callar.
Mi admiración y mi felicitación.
Mariano

sara dijo...

que curioso que escribas esto...mi padre tiene alzheimer y ayer le pidió a mi madre que se casase con él. me pareció precioso. por una vez un relato de evaristo me parece simplemente dulce,sin regusto final. que bonito!!

José Luis dijo...

El alzheimer es terrible, pero al menos tiene ese punto de permitirte vivir las cosas con la emoción de lo que empieza. Es una enfermedad realmente extraña. No te permite disfrutar de lo vivido ni ilusionarte con lo que vendrá, pero te permite vivir la emoción del instante.

Precioso relato, Evaristo.