27/8/16

Tenemos 30 años más de esperanza de vida que antes y todavía no existe una filosofía que dé soporte a este nuevo tiempo



 
Desgraciadamente las ideas juegan ahora un papel menos importante en nuestras sociedades. Lo que se impone es la parte material, y lo lamento mucho. Necesitamos personalidades capaces de ofrecer al mundo una nueva visión, sistema, filosofía, valores que el mundo sigue necesitando. Vivimos una época llena de información, donde todo va más rápido, pero la información no tiene nada que ver con el misterio de la vida humana. Solo ofrece una mirada superficial. La vida es mucho más compleja. O las redes sociales, por cierto, en las que casi todo son banalidades. Lo que a mí me interesa, e intento hacer con mi literatura documental, es hablar del espíritu de los sentimientos del ser humano. Y estos giran, en mi opinión, en torno al amor y la muerte.

Historias de hombres y mujeres que intentan ser felices y explican por qué no logran serlo. Está siendo muy complicado, porque a la gente le cuesta hablar más de sus sentimientos que de los hechos. En Rusia, las personas no consideran que su vida tenga interés. Aún estamos aprendiendo a construir la privacidad. El amor y la muerte son dos grandes misterios de la vida. Por ejemplo, respecto al envejecimiento, resulta que gozamos de 20 a 30 años más de esperanza de vida que antes y todavía no existe una filosofía que dé soporte a este extra, a este nuevo tiempo. Faltan ideas que cubran este nuevo periodo.

14/4/16

Casares y el carterista






..........el relato de aquel viaje a Madrid en coche, cuando se detiene y recoge a un autoestopista. Es un hombre afable y hablan cordialmente, hasta que un guardia de tráfico les da el alto. Han sobrepasado el límite de velocidad y les multa. Casares trata de evitarlo, recurriendo a todos sus recursos, pero el guardia se muestra insensible. Reanudan el viaje, pero la conversación ya ha perdido encanto. Cuando llegan a Madrid, Casares detiene su coche y sale a despedir a su acompañante. Este le agradece su generosidad y le entrega una tarjeta en la que, junto a su nombre, y en el lugar destinado a la profesión, aparece la palabra carterista. Casares se pone nervioso y no puede evitar llevarse la mano a su costado para comprobar si su cartera continúa en el bolsillo. Sí, continúa, pero el gesto no pasa desapercibido a su compañero. Él se da cuenta y trata de disculparse, pero este le dice que no tiene importancia. Es un carterista, como dice la tarjeta, pero jamás habría empleado sus habilidades con alguien como él. Es más, para demostrar que es cierto lo que le dice, quiere hacerle un regalo. Entonces se mete la mano en el bolso y le entrega a Casares, para su sorpresa, la libreta en que el guardia había anotado sus datos para multarlo.

4/3/16

Pastillas contra la vida

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“Si uno dejara de albergar esperanzas, se ahorraría un montón de decepciones”

“Tenemos que estar contentos con lo bien que vivimos, dice la gente, la mayoría vive peor. Y luego toman pastillas contra el insomnio. O contra la depresión. O contra la vida”. (Últimas notas de Thomas F. para la humanidad). 

“Todo podía suceder. Y allí estaba, en la acera de enfrente, el viejo profesor Storm, del instituto. «Felix», grité, pero estaba tan poco acostumbrado a usar la voz que no me salió gran cosa. Nos separaba un denso tráfico, y ni él ni yo nos atrevíamos a cruzar la calle, habría sido estúpido perder la vida de pura alegría, cuando me había aguantado sin ella durante tanto tiempo.”

25/2/16

Escribo para escribirme yo

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«No estoy escribiendo para ningún lector, ni siquiera para leerme yo. Escribo para escribirme yo, es un acto de autoconstrucción. Aquí me estoy recuperando, aquí estoy luchando por rescatar pedazos de mí mismo que han quedado adheridos a mesas de operación, a ciertas mujeres, a ciertas ciudades, a las descascaradas y macilentas paredes de mi apartamento montevideano, que ya no volveré a ver, a ciertos paisajes, a ciertas presencias. Sí, lo voy a hacer. Lo voy a lograr. No me fastidien con el estilo ni con la estructura: esto no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida». (Mario Levrero)