28/10/10

Gozar no es obligatorio


...............resulta evidente que en nuestra vida personal somos libres de hacer lo que nos venga en gana, pero ¿qué decisiones son las que realmente importan?

— ¿Y cuáles son?

— Por ejemplo, si tratamos de nacionalizar un banco descargarán sobre nosotros los peores insultos: populistas, comunistas, es decir que no serán tan permisivos en ese plano. Segundo, ¿no hay acaso en esta supuesta permisividad un mandato oculto proveniente de lo que en psicoanálisis llamamos el "super yo"? Se trata de una verdadera obligación: "¡debes gozar!". Se impone la diversión, porque de lo contrario nos sentimos culpables. Es como una moral kantiana al revés. En otros tiempos la obligación moral era llevar una vida "decente". Si traicionabas a tu esposa, te sentías culpable por buscar el placer. Ahora se trata de lo contrario, si no buscas el placer, si no estás dispuesto a gozar, te sientes culpable. Y no estoy hablando de una hipótesis abstracta. Me encuentro todo el tiempo con psicoanalistas que me dicen que ésa es la razón por la cual la gente acude a la consulta. Se sienten culpables de no gozar lo suficiente. La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: "gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar".

25/10/10

El totalitarismo de la indiferencia


..........................ya se ha acabado la "vacación posmoderna" y hay que volver al pensamiento como una forma de praxis, "el pensamiento es acción". Hay que romper de alguna forma con el temor a la razón que se derivaba del fracaso de los experimentos de ingeniería social utópica heredados del siglo XX. El absentismo de la razón, la dejación del espíritu crítico y la afirmación de lo existente como lo único posible, ha provocado al final el asentamiento de un mundo en el que la política ha dado paso a la hegemonía del mercado, con la consiguiente mercantilización absoluta de la sociedad y la disolución de la democracia en puro individualismo. "El poder económico se ha hecho con la totalidad normativa del escenario". Sin noción de bien común "la política se convierte en un bien de consumo más". Y esta omnipresencia del consumo produce una insatisfacción generalizada y la ruptura de todo vínculo social. Lo malo de todo ello es que no se atisban puntos de resistencia. La indignación que siempre había acompañado a la contemplación del abuso de poder y la injusticia ha devenido hoy en puraindiferencia, en un totalitarismo de la indiferencia.

20/10/10

El orden

Toda mi vida ha sido, incluso sin saberlo, medida y planificada. Nací en el tiempo justo que correspondía, sin tardanzas ni adelantos. Enseguida me adapte a los horarios previstos regularmente para la toma de leche, sin que permitiera que mi hambre no coincidiera con ellos. Los demás hitos del desarrollo los hice a su exacto tiempo. Jugaba al fútbol como los demás niños pero nunca me permití el sueño de querer ser futbolista. Mis reacciones eran siempre previsibles, sin arrebatos de cólera ni peticiones caprichosas. Estudie una carrera con posibilidades laborales y comencé pronto, sin grandes problemas, a trabajar. Ascendí enseguida notando el distanciamiento y el respeto de los demás en mi rápida mejora. Me case con una chica elegante y buena conversadora con la que tras los seis meses reglamentarios de pasión comencé una convivencia ordenada y tranquila. Tuvimos dos hijos, un niño y una niña a los que desde el principio tratamos por igual sin distinciones de sexo siguiendo los consejos de Bernabé Tierno para su desarrollo emocional y educación. Una vez aligerado de las presiones laborales, y de crianza de los niños detectando un principio de aislamiento y preparando la crisis de los cuarenta comencé a colaborar con la ONG “Matrimonios sin fronteras” acudiendo a sus reuniones periódicas que coincidían a días alternos, en el mismo local con “Alcohólicos anónimos”. Una noche, saliendo de una de estas reuniones se me acerco un hombre y sin mediar palabra me acuchillo dos veces. También me cure en los tiempos previstos sin graves secuelas, tras lo cual pude hablar en la cárcel con el hombre que me había acuchillado. Me respondió serenamente y sin mirarme: “Al llegar a su altura sentí que todo el orden que se veía en su rostro y en su traje me lo había robado a mí, que he vivido toda la vida en el desorden y el desarreglo”. Esta situación imprevista me ha hecho reflexionar y cambiar mi vida y mis valores. Definitivamente este año no alquilaremos el apartamento en Salou, nos iremos a Cambrils.
(Evaristo Cienpozuelos)

13/10/10

La narración y las bodas


Mis padres fueron ayer de boda y narrativamente hay pocas ocasiones tan aprovechables. A veces pienso que compensa el dineral de las enhorabuenas por el animal descriptivo que se le despierta a mi madre. Cuando empieza a contar intenta revisar la evolución de los personajes que la han rodeado toda la vida, pero después de tres o cuatro “está más” o “está menos” ve que por ahí no va a ir muy lejos:

-Todos igual ¿o es que crees que la gente evoluciona?

-¿Y fulatino?

-Sigue chiquiteando todos los días, agarrado a la excusa de que su padre era vasco y es una tradición cultural

-¿Y zutanita?

-Igual que su abuela, grande como un jergón, presumiendo de orden y de hijos ¡Me ponen enferma las insulseces!

-Ya, Arse, tanto, tanto, no se puede cambiar, tenía quince años cuando metió los dedos en un enchufe. ¿Y la novia?

-¡Pero qué pesada eres con lo del enchufe! La novia, una chica pequeña. Estaba agotada y no me extraña ¡cada vez hacen más tonterías en las bodas! ¡vivimos en una sociedad tan infantilizada! Qué quieres que te diga, preocupa. Lo estuve comentando con tu tío M. Todo el mundo lo considera muy falso, pero a mi, si es verdad, me encanta que finja; aunque me esté siguiendo la corriente me parece un tipo muy atractivo, cortés y un buen conversador.

-¿Y papa?

-Bien, gracioso a tiempo, pero meditabundo, parece que no le apasionan ni los míos ni los suyos, ya sabes que tu padre es muy especial

-Y por qué no nos invitaron a nosotras, invitaron a los que tenían nuestro grado de parentesco

-Porque os conocen y saben que sois unas asquerosas

-¿Cómo mi padre?

-No, y como nosotros también, a tu tía Emma y a mi no nos convence nadie del todo. Sois unas tiparracas por las dos ramas.

-Entonces ¿te lo pasaste bien?

-Lo que más me gustó fue volver en el buho a las cuatro de la mañana, vi a la gente muy bien, más o menos serena, yo también había bebido de todo además de algunos cubatas, para eso nos fuimos en autobús, para poder beber, sobre todo vi mucha gente joven que estaba alegre.

-Y ¿qué bebes mama?

-Yo lo de siempre, vodka con limón.

Marta Sanuy